Un camarero del Pap'Açorda trajo un barreño de dimensiones descomunales lleno hasta arriba de mousse de chocolate y con un cazo sopero arrojó, como si fuese rancho, una ración enorme en el centro del plato.
Al probar la primera cucharada entendí las caras de placer de todos los que la habían probado antes. Y observé cómo se transformaban los rostros de todos los que la probaron después.
martes, 4 de marzo de 2008
Mousse de chocolate orgásmica
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Etiquetas: comer y beber, lisboa
Comer, beber y amar en Lisboa

Los recuerdos de estos cinco días en Lisboa están tan enmarañados como los cables de tranvía en sus callejuelas. A vista de pájaro desde el Castelo de San Jorge, compartiendo un porrito con el pirata, recuerdo que en esta ciudad que ahora parece una maqueta en miniatura hay pastéis de nata calientes en Belem, escadinhas empinadas y becos estrechos por los que perderse, pastéis de bacalhau en cualquier tasca, la casa dos Bicos, el inmenso Tajo atravesado por un puente rojo colgante, lombinhos do porco cerca de la plaza del Rossio, miles de personas bebiendo en la rua da Atalaia un sábado por la noche, un travelo mítico en el bar de plástico Chueca, una cena legendaria en el Pap'Açorda, arroz de marisco, arroz con lamprea, cañas en una terraza soleada en la plaza Largo do Como que parecía granadina, vinho branco, vinho verde, boles de yogur con frutas muesli y té con leche en el café Pois, una pensión luminosísima encima del café, otra con vistas preciosas en costa da Castelo, una el doble de cara en la que me encantaría darme un capricho y una pintada cercana en la que alguien ha escrito Amo-te libre.
Sólo tengo claro que quiero volver.
Publicado por minimono en 13:19 3 comentarios
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