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domingo, 14 de enero de 2018

Fundido en rojo

"Comenzaron a hacer el amor. A Dilan le gustaba que Dulce María, de vez en cuando, contemplase su miembro lleno de sangre menstrual, manchado, pegajoso (...)
Pegajoso, rojo, sucio, endemoniado, caliente, camuflado, pintado como un indio apache, dispuesto para la decapitación, para el máximo sacrificio, devuelto al origen, devuelto a la sangre de mi madre, devuelto por defecto imposible de reparación, devuelto por mala fabricación porque la Gran Perra de la Naturaleza se equivoca, se equivocó, dijo Dilan, mientras embestía a Dulce María y Dulce María se sentía amada y follada como nunca antes la habían amado y follado.
Dilan colocaba su verga pegajosa a la altura de la boca de Dulce María. Ella la contemplaba. (...)
Y Dilan y Dulce María hicieron el amor mucho rato (...). 
Luego se ducharon juntos (...) Como la ducha de Dulce María era muy grande, se sentaron los dos en el suelo mientras caía el agua desde arriba, un agua caliente, que se llevaba los flujos, la sangre y el semen." 

El luminoso regalo, Manuel Vilas

domingo, 28 de junio de 2015

Placeres ahogados

I. En su casa siempre, mi casa hoy, despertada recién, duchada a medias, se cuela para enjabonarme el pelo, resbalar hacia abajo y abrasarme con sus dedos candentes hasta convertirme nomás en cerilla calcinada.


II. Noche ya, de rodillas, empapada, obedezco.

Carne asada

fui una flor de bondiola a la parrilla, asada muy lentamente; del derecho, caricias bajo la camiseta limón, del revés besos caníbales en el cuello nuca hombros omóplatos; alejándome del fuego con abrazos hasta quedar fugazmente dormidos, avivando las llamas al rasgar -uñas tenedor- caderas ombligo espalda; una vuelta más con la que el asador observó la pieza, otra clavándome el cuchillo para comprobar el punto de cocción, en un ritual tortuoso al aire libre que multiplicó el sabor delicioso de la ansiada carne cuando finalmente fue servida.

Coatlicue (diosa azteca de la vida y de la muerte)

Como los corazones ofrendados a la diosa azteca Coatlicue,
Tina me entrega periódicamente hombres que devoran mis hambrientos, hambrientos muslos.

sábado, 11 de enero de 2014

Cuerpos subversivos


Avanza la ciudad sobre los cuerpos.
Los acelera asusta individualiza excluye rutiniza emputece.

Pero resisten cuerpos subversivos,
como el suyo,
que no tienen urgencia.

Que te acarician con la yema de los dedos los pómulos, mirándote,
te besan casi inmóviles,
pasean lentamente sobre pieles cada vez más descubiertas,
exploran con sus lenguas entre tus piernas,
encontrando coños palpitantes, trémulos, borrachos de placer orgasmo tras orgasmo,

y los penetran ya saciados, entregados a los excesos, masturbándote -ellos, tú-

(sin dolor,
sin someterte,
sin insultos,
sin darte la vuelta buscando tu culo)

se detienen,
reciben tu coño de nuevo en su boca,
chupándote,
tragándote,

vuelven a penetrarte,
se frenan más,
te guían,
explotan,

y exhaustos
duermen, duermes, entrelazados, dando vueltas sin separarse nunca del todo, besándose sin llegar a despertar completamente,
horas y horas durmiendo,
sin obligaciones,
sin niños,
sin despertadores,
sin móviles,

entreabren los ojos pasado el mediodía,
sólo para volver a darte lo que pidas
y dormir un poco más,
mientras agarras un libro de Copi de su mesilla
y se te escapan carcajadas
camino a su bañera.
Te vistes mínimamente,
sigues con Copi en el balcón mientras esperas,
desayunalmuerzan contigo
y te despiden en la boca del metro con un beso pausado, cargado de ternura,

rumbo al trabajo,
con tu cuerpo más humano, menos mercancía.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Alucinaciones infernales

Es muy fácil llegar a Buenos Aires, pero difícil salir. Los no-ricos quedan atrapados en la jaula por no tener montañas de dólares (que no pesos); los no-pobres por faltarles los cientos de horas que hacen falta para alejarse.

Encerrada aquí, a más de 40 grados de sensación térmica, me refugié en la Reserva Ecológica Costanera Sur,
entre bosques de alisos que al acercar la oreja a su tronco parecen transportar torrentes de agua,
mburucuyás que al tragarlas te adormecen,
curupís que arrojan leche pegajosa,
lunas llenas que mes a mes asoman como voyeurs por el río-mar de la Plata a ver cómo manos suben faldas, arañan muslos, estiran bragas para abrirse paso, entrar y mojarse en agitadas lagunas, bañadas de olas ruidosas de placer que se camuflan entre el croar de las ranas, el canto de las chicharras y el aleteo acelerado de búhos, murciélagos y atajacaminos.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Delirium tremens (ola de calor)

Décima madrugada a 32 grados en Buenos Aires.
Amanece a 14 grados bajo cero en Moscú. 
Mi cuerpo respira, transpira, da vueltas, insomne.
Saca una botella de vodka del congelador.
Abro la boca.
Vierte un trago helado.
Trago.
Vierte más vodka, demasiado, demasiado rápido.
Desborda mi boca, los labios agrietados de sed.
El chorro de vodka no cesa.
Al levantarme corre mentón abajo, pringando salientes y recovecos oscuros, muslos, tobillos.
Me mira.
Meada de vodka, digo, río, tiemblo.
Se desnuda, se aleja del frío, rumbo al infierno de rodillas.
Me abro, quemo, jadeo.
Una y otra ola de calor.

domingo, 7 de julio de 2013

Auto vídeo porno casero


Un deseo turbio y caliente cubre mis dedos en la oscuridad,
con su pie sus piernas sus muslos en la retina,
sus jadeos penetrándome los oídos,
mientras la imagen se funde a negro y él a blanco.

(Gracias por el regalo.)

domingo, 16 de junio de 2013

La tormenta perfecta


El deseo aplazado de rayos, truenos y Ricardo torrencial reapareció -con más fuerza aún- bajo la ducha matutina y fue fermentando entre idas y venidas por Madrid, hasta estallarme en los morros de noche en el japo de Echegaray.

De ahí a su casa sólo recuerdo cómo sus besos caricias miradas susurros agarrones tironesdepelo me iban empapando el coño -sin bragas bajo el vestido blanco-, mojándome también los muslos, erizándome la piel, fulminándome de deseo mientras esperábamos un metro que no llegaba,

y después, en su cama ya, con dos gintonics casi sin probar, penetrada por todos lados, doblepenetrada al unísono con su polla y sus juguetes, enloqueciendo de placer en sucesivas oleadas, mirada, deseada, salvaje, incapaz de dormir, de detenerme, de decir que no a nada, de no volver a traspasar las paredes con gemidos al correrme unaaaaaahahhh vez síiiiiiiii máaaaaaaaaaaaas...

dejándome arrastrar por la furia de una tormenta perfecta,
que en las horas siguientes arrasó también el salón y amenazó con romper la impresora 3D casi lista, los botellines de la futura Txomin y toda caja con cachivaches que encontró a su paso.

En algún momento logramos quedarnos dormidos para volver a buscarnos poco después, chuparnos, follar, gritar, desayunar, follar más, sin dar crédito a cómo las agujas del reloj avanzaban a semejante velocidad, corriendo tarde a citas varias y reencontrándonos a medianoche para volver a abalanzarme sobre él, él sobre mí, llenar de besos la ensalada, sentir su mano caliente en mis muslos aceleradamente desnudos, resbalar juntos por el sofá, reír y gozar más allá de todos los límites posibles...

Desperté en la oscuridad, con el cuerpo resucitado y muerto a la vez,  atravesado por el dolor y el placer, y fue imposible no empezar a lamerle, violarle aún medio dormido y seguir, ya más despiertos, apurando hasta el último sorbo, antes de correr a la estación de autobuses y despedirnos como tontos en el andén.

Primeros rayos

Un tirón de pelo.
Segundos nomás. Ni demasiado fuerte, ni demasiado suave, sino con la intensidad precisa para provocarme una descarga eléctrica y arrancarme un ahogado gemido de placer. ¿Pero cómo coño sabe...?
Superada la sorpresa, mis neuronas volvieron a registrar la cumbia, las caderas a bambolearse entre ocho manos, la boca a enroscarse con otras al ritmo del casette... durante tiempo suficiente para quizás dudar si me lo había inventado... y sentir entonces cómo sus dedos volvían a cerrarse sobre mis rizos y una segunda descarga eléctrica me dejaba muy claro que no. Desnúdame y fóllame ya. Pero ya. Yaaaa.

Siguió la música, los roces, los besos compartidos, mientras mi coco retrocedía a la calle para rescatar el primer rayo, la primera señal de la tormenta que se avecinaba: su mirada, clavada en mí, desordenándome ya sin haberme tocado aún.

...

A veces, hasta un cielo mordoriano se queda de pronto sin nubes, más aún en primavera, y algo así pasó esa noche, en la que se escapó y me fundí en otros brazos, entre otras piernas; y mientras él pedaleaba de vuelta a casa, yo subía, bajaba, jadeaba y me corría feliz en una noche vuelta inesperadamente soleada.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Orgasmos que estiran los límites de la vida

Me mastica las axilas. Me lame las piernas sin depilar. Me chupa los pies con las heridas de las sandalias. Respira en mi ano. Se frota la verga con las asperezas de mis codos. Eyacula en mis estrías. Dice que todo eso, la abundancia de mis imperfecciones, proviene de la salud.
(...)
Accedí temerosa. Sólo por una vez. Apenas como prueba. Y con la promesa de que, en cuanto me sintiera incómoda, él pararía de inmediato. Eso hicimos. Eso me hizo.

Tardé poco en darme cuenta de que era exactamente eso lo que necesitaba. Recuperar mi cuerpo. Todo, no una parte. Un castigo integral. Un daño despertar. 


Así que ahora estoy despertándome.

Él ansía golpearme y que yo le golpee. De arriba abajo, de pies a cabeza. 
(...)
Cada polvo provoca una resurrección. Nos agredimos. Nos ensañamos. Nos causamos mutualmente dolores para asegurarnos de que seguimos ahí. Y cada vez que confirmamos la presencia, el sufrimiento del otro, nos emocionamos igual que un reencuentro. Entonces tengo unos orgasmos que me estiran los límites de la vida. Como si la vida fuese un músculo vaginal. 

Quiero vengarme en carne propia.

Elena, la voz cantante de Hablar Solos, de Andrés Neuman.
Recomendable (y recomendable también la sonrisa de Neuman en Libros del Pasaje antes de presentar allí el libro, hace unas semanas).


sábado, 16 de junio de 2012

Batería baja

Nos acercamos al telo con la batería parpadeando, advirtiendo que está a punto de agotarse debido a los últimos días de idas y venidas, nervios y estrés acumulados. 

Queremos dormir, y dormiríamos, pero su boca busca la mía, mi mano su nuca, sus labios mi oreja, mis muslos su polla, su rodilla mi coño y así no hay señal de alerta que sea escuchada; en el cerebro sólo cabe la necesidad de desnudarnos y follar con urgencia. Me empuja contra la pared y siento el frío del yeso en mi boca entreabierta, en los hombros, en las tetas, y el calor de su polla entrando y saliendo de mi coño empapado, mientras sus manos me agarran del culo y me tiran del pelo obligándome a echar la cabeza hacia atrás y a escucharle.

Cuando nos abalanzamos sobre la cama, la reserva de energía está ya tan baja que sólo soy capaz de memorizar unas cuantas embestidas antes de caer a su lado, cerrar los ojos y recuperar así una raya de batería, la mínima necesaria para ducharnos, vestirnos y salir de allí.

Borrando huellas

Salimos. 

Minutos después, alguien abre la puerta, empuja el carrito, entra, abre las cortinas y las ventanas de par en par, cierra la puerta. Por un momento abandona los gestos mecánicos y mira a través del espejo a su alrededor, preguntándose cómo es posible desordenar una habitación así en sólo un par de horas (¿en su casa armarían tanto quilombo?), pero no gasta tiempo en responderse y vuelve a la rutina: 

Tira a lavar las toallas usadas y en una bolsa de basura los botes de gel y champú semigastados, pasa un chorro de agua por la bañera y coloca tres toallas limpias y dobladas, con dos botecitos nuevos encima, en uno de los extremos (¿por qué usaron las tres? ¿Se ducharon solos o por separado? ¿lo hicieron por higiene, por costumbre, por placer o para borrar cualquier rastro del otro en sus cuerpos adúlteros? Unos tanto, otros tan poco... casi ni se acuerda de la última vez que su piel quedó impregnada de sexo, está segura de que no fue durante los últimos polvos con su gordo, esos antes de separarse, demasiado cortos e insulsos para provocar ningún olor). Pasa la fregona algo distraída.

Entra rápido en la habitación, se agacha para recoger las fundas de condones que han quedado por el suelo y las almohadas que se han caído, recoloca la alfombra, devuelve la cama a su lugar original, borra las huellas de unas palmas que han quedado en lo alto del cabezal, retira las sábanas manchadas de sangre (¿follaron mientras ella tenía la regla? ¿hay algo que les dé asco?) y las substituye por otras inmaculadas, dejando la cama otra vez perfecta, sin ninguna arruga. Se lleva al bolsillo de la bata los condones abandonados sobre la mesita (para la otra limpiadora) y tira la caja (XL, ¿cómo será de grande?, ¿le habrá hecho daño?, ¿le habrán dado arcadas?). 

Mira el reloj, 22 minutos ya. Aspira con prisa el suelo. Mira a su alrededor, todo parece en orden, pero en el último vistazo descubre las marcas de cuatro manos en la pared, se acerca con un trapo para eliminarlas y borra también el rastro de lo que debió ser parte de un cuerpo femenino aplastado allí mismo.

Tira el trapo al carrito, lo empuja hacia la salida, cierra las ventanas, corre las cortinas, abre la puerta y sale de una habitación oscura por la que nunca ha pasado nadie.

miércoles, 30 de mayo de 2012

¿Orden o súplica?

Siento el culo muy abierto, roto más bien, caliente, viscoso, mientras cierro los ojos bajo el agua de la ducha.
Él ya no está, pero recuerdo haberle dicho un rato antes: "Ven. Clávamela en el culo".




lunes, 23 de abril de 2012

Átame

“Cuando le pidas las cuerdas te responderá – son para… -, entonces respondes – sí -”

“De acuerdo, esperaré a los puntos suspensivos”, respondí saboreando una sonrisa.


Acompañada por ti, fuimos al lugar aconsejado, la espartería de Cava Baja 13. Entramos en ella y avanzamos por el pasillo de palabras indicado: “tienes cuerdas de cáñamo o yute?”.

Tras un breve silencio, el tendero nos responde con la pregunta esperada: “son para… suspender?”

Sigue leyendo en el excitante blog bdsm de Eva Versus.


En Jot Down escribieron hace meses un documentado artículo sobre el shibari. La foto es de Alberto Lisi.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Polvos culpables


i would plead guilty, originally uploaded by w;t.

La otra noche iba a salir yo; acabó saliendo él.


Del bar de debajo del curro a un karaoke. Del karaoke a un antro cercano. De ése a otro. Luego a un after. Y a casa de unos colegas que conoció (dijo).


Amaneció. Yo en casa, vacía; él de fiesta. Se despertó Kim: nosotros en casa, bebiendo el yogur al que está enganchado el peque; él de fiesta, alcohol, drogas, sexo & rock'n'roll). Envidia, envidia biliosa, así que a la hora a la que teníamos pensado ir juntos a hacer la habitual compra del sábado le llamé cabreada:

-...
-Tía, me tomo una o dos copas más y voy a casa.
Cling.


Tía??? Le mato, le fusilo. Joder, le ahorco, le arranco las uñas. Pero qué cojones es eso de tía?? Cabronazo, cuando entres por la puerta te parto la cara, pensaba mientras vestía al muñeco, me vestía yo, cogía el carro de la compra camino al mercado de Maravillas y le escribía sms venenosos que no recibían respuesta.


A la una y pico empezó a llamarme.
Y una mierda, no lo pienso coger.
Que no insistas.
No.
N...
-Hola...
-¿Dónde estáis?
-Llegando a casa.
-Yo también.


Y el mamón llegó guapísimo, claro, le sienta de puta madre salir de fiesta.


-Muac. Perdona. Me quedé dormido en casa de unos tíos. Menos mal que estáis en casa... Voy a ducharme.
 (...)
-Lo siento, perdona. Muac. Mira cómo estoy. Abre la boca. Ábrela. Ábrela más. Así...
(...)
-Ven. Ven aquí. Muac. Perdona. Slurp slurpslurp.


Perdona y disfruta, pensé, renunciando a la tortura a cambio de un (bendito) polvo con sabor a culpabilidad.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Pajas patrocinadas por el deseo del prójimo

No codiciarás la mujer de tu prójimo, advierten las sagradas escrituras, y quizás por eso, ahora que llega el frío, corremos a arder en el infierno:


Mua. Hasta luego amor,
dice ella antes de volver a la cama, bajarse las bragas y pensar que es su jefe el que le mete la mano en el coño y se lo agarra con fuerza, introduciéndole los dedos, restregándoselo contra su rabo, mientras le tapa la boca y le ordena que no gima, que ni se le ocurra hacer ruido pero, sabiendo que no puede verla, le desobedece y se retuerce de placer.


Con el otro lado de la cama frío ya, él se despierta súperempalmado y se lleva la mano a la polla acordándose de cómo se bamboleaba el culo de su amante cuando se la folló contra la mesa redonda.Otra ahoga en la ducha matutina, recreando el polvazo que echó con el portero negro de esa discoteca, las ganas no correspondidas de follar.


Es una tarde con poco curro y en el baño otro cierra los ojos para imaginar que se la está chupando la nueva becaria y que lamerá la leche que derrame sobre sus tetas.


Ya en casa, una más lee y relee los sms que ha intercambiado durante la última semana con el profesor de su hija antes de meterse en la cama y buscar el consolador que esconde, incluso a su marido, al fondo del tercer cajón.


Uno, el enésimo ya, busca porno en internet y se la machaca en solitario viendo a una rubia que se parece a.


La penúltima se corre restregándose contra la almohada, con la oreja enganchada al teléfono, escuchando la voz grave del novio de su amiga asegurándole que le comerá su coñito rico hasta que le ahogue.


Y hay muchos y muchas más.

Maratón de sexo en el limbo

Y el mañana no ocurrió ni en su casa, ni en la mía, sino ciegos de deseo en un love hotel: de todos y de nadie. Allí compartimos seis horas, divididas en tres actos, de sexo animal.


Nos desnudamos con prisas -déjate las medias puestas, me ordenó- sin dejar de comernos la boca, meternos mano -hola. Jajaaja, sí, hola cariño-, jadear, olerle, chuparnos...

hasta que me dio la vuelta y me empujó, penetrándome con violencia -qué caliente está tu coño- una y otra vez: 

por detrás -qué ganas tenía, joder-, por delante -estás buenísima-, de lado mordiéndome el cuello y el lóbulo de la oreja mientras me agarraba las tetas -qué bien follas, hijodeputa-, a cuatro patas tirándome del pelo y dándome azotes en el el culo -me vas a romper, cabrón, aaaaahhaaa-, debajo -me estás follando como un tío. Jajaja, síiiiiiaaaaaaaaahhh-, contra la pared, contra el sofá con el cuello y los hombros rodeados de cadenas -tienes un culo impresionante, me flipa agarrártelo. Y a mí que me lo aaaaahhhhgarres, diossss...


Quiero seguir follándote... Fóllame tú... Dame lo mío, zorra... Asíiiiiii.... Dame más.... Cógeme los huevos... Métemela ya, por favoooor, aaaaaaahhhaaaahhh, qué orgasmo, joder... (gemidit.) (gemidit)...(mua) (mua) (gemidit)... Descansa... Me vuelve loca que me metas la mano en la boca... que me masturbes con tu rabo... con los dedos por encima de la sábana... y notar cómo tus huevos golpean mi coño... y el ruido al follar. Me flipa tu culo.... y lo caliente y mojado que está tu coño... y me flipa cómo me la chupas y correrme en tu boca... Me voy a hacer muchas pajas acordándome de tu culo y tus mamadas... y yo acordándome de lo bien que follas...

Cuando sonó la alarma para recordarnos que el tiempo estaba a punto de agotarse, yacíamos 
exhaustos 
doloridos 
sudados 
abrazados 
sonrientes 
hambrientos 
drogados 
felices 
casi-muertos 
sobre una cama iluminada con luces rojas de neón y el suelo repleto de condones-cadáveres.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Y de postre, la bella Eva

.
Llegaron a casa. Cenamos vichysoisse, berberechos y rape alangostado.
Y de postre, la bella Eva, compartida por el suelo de nuestra terraza de Chamberí entre fríos sorbos de gintonic.


Volví a verla después
y reaparecieron
los perturbadores mordiscos en el cuello que seguían visibles al día siguiente, nuestras lenguas enredadas por el rabo del pirata, la ligera punzada de celos al verle penetrándola… pero, más que nada, el sutil cosquilleo de su melena rizada entre mis muslos, la suavidad de su piel, el calor intenso de su coño, su olor, su sabor… y todo aquello que una noche más me di cuenta de que no pueden darnos los hombres.


La foto, robada a D.

martes, 13 de septiembre de 2011

Ovulando II

Son las tres.


Mi cuerpo sigue ardiendo. Palpitando. Deshaciéndose ahora entre mis dedos. Hasta que
entras
abres
rompes
y gozas de su rendición absoluta.