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domingo, 28 de junio de 2015

Placeres ahogados

I. En su casa siempre, mi casa hoy, despertada recién, duchada a medias, se cuela para enjabonarme el pelo, resbalar hacia abajo y abrasarme con sus dedos candentes hasta convertirme nomás en cerilla calcinada.


II. Noche ya, de rodillas, empapada, obedezco.

Carne asada

fui una flor de bondiola a la parrilla, asada muy lentamente; del derecho, caricias bajo la camiseta limón, del revés besos caníbales en el cuello nuca hombros omóplatos; alejándome del fuego con abrazos hasta quedar fugazmente dormidos, avivando las llamas al rasgar -uñas tenedor- caderas ombligo espalda; una vuelta más con la que el asador observó la pieza, otra clavándome el cuchillo para comprobar el punto de cocción, en un ritual tortuoso al aire libre que multiplicó el sabor delicioso de la ansiada carne cuando finalmente fue servida.

Coatlicue (diosa azteca de la vida y de la muerte)

Como los corazones ofrendados a la diosa azteca Coatlicue,
Tina me entrega periódicamente hombres que devoran mis hambrientos, hambrientos muslos.

Yurta

Al traspasar su acogedora yurta
entras en la Mongolia nómada, admirada por su hospitalidad.

San Pedro's family

Por fin en San Pedro,
subiendo, subiendo las escaleras,
hacia mi paraíso en Madrid,
donde me siento tan amada y todo es posible, incluso una hermosísima bebé zen, genéticamente silenciosa.

Se fueron volando tres días de cachondeo y bizarrismo madrileño con la familia sanpedrina, David a la cabeza, de caña en copa a cualquier hora, exposiciones brillantes, músicos que vagan con su instrumento por el Reina en busca de un público, bailes de forró -folló/frotó- en el Maloka, agricultores y apicultores que aparecen con colinabos gigantes y acelgas de colores de su huerto, picnics nocturnos en el Retiro, caminatas oscuras entre túneles de árboles, el ahuehuete (el árbol más viejo de la ciudad, de 1630), abrazos-que-detienen-relojes, regalos, docus que dan miedo y tanto amor que no hay cuerpo que no explote de felicidad.

viernes, 31 de octubre de 2014

agua aire calor noche

Agua. Aire. Calor. Eso es todo lo que necesita una semilla para germinar.
Algunas, pocas, necesitan además una pulsión de luz.
A mí me acabó de despertar una pulsión de noche.
una invitación.

un concierto. 
La Orquesta Típica Fernández Fierro (teloneros: Barsut)
Flipé. Por su capacidad de rockear y punkear el tango, por la puesta en escena impresionante, por algunas letras. 

También por saber que los doce tíos de la orquesta llevan más de diez años organizados como cooperativa y ahí siguen, entendiéndose y trabajando juntos; por ser dueños de un espacio autogestionado que invita al desorden, con sillas que llegaron allí de diferentes dueños de la ciudad a cambio de entradas, con mesas alternándose con gradas y una barra y cocina abiertas durante el espectáculo.  

Si al concierto se le suma una linda charla, muchas risas y una excepcional noche veraniega regalada a inicios de primavera, no había quien no despertara.

https://soundcloud.com/fernandezfierro/demolici-n

("Dedicada a todos los enamorados en la sala" -silencio largo-. Para que sepan que termina", dijo el contrabajista, líder de la banda).

sábado, 11 de enero de 2014

Cuerpos subversivos


Avanza la ciudad sobre los cuerpos.
Los acelera asusta individualiza excluye rutiniza emputece.

Pero resisten cuerpos subversivos,
como el suyo,
que no tienen urgencia.

Que te acarician con la yema de los dedos los pómulos, mirándote,
te besan casi inmóviles,
pasean lentamente sobre pieles cada vez más descubiertas,
exploran con sus lenguas entre tus piernas,
encontrando coños palpitantes, trémulos, borrachos de placer orgasmo tras orgasmo,

y los penetran ya saciados, entregados a los excesos, masturbándote -ellos, tú-

(sin dolor,
sin someterte,
sin insultos,
sin darte la vuelta buscando tu culo)

se detienen,
reciben tu coño de nuevo en su boca,
chupándote,
tragándote,

vuelven a penetrarte,
se frenan más,
te guían,
explotan,

y exhaustos
duermen, duermes, entrelazados, dando vueltas sin separarse nunca del todo, besándose sin llegar a despertar completamente,
horas y horas durmiendo,
sin obligaciones,
sin niños,
sin despertadores,
sin móviles,

entreabren los ojos pasado el mediodía,
sólo para volver a darte lo que pidas
y dormir un poco más,
mientras agarras un libro de Copi de su mesilla
y se te escapan carcajadas
camino a su bañera.
Te vistes mínimamente,
sigues con Copi en el balcón mientras esperas,
desayunalmuerzan contigo
y te despiden en la boca del metro con un beso pausado, cargado de ternura,

rumbo al trabajo,
con tu cuerpo más humano, menos mercancía.

A tres metros sobre tierra

Uno.
Visita nocturna a la Reserva Ecológica Costanera Sur
Caminando bajo la luz de la luna, la reserva dejó de ser un montón de cañas secas y lagunas en las que flotan botellas de cerveza para convertirse en un espacio mágico, donde la naturaleza se abre paso descontroladamente por encima de los escombros y el cemento y acoge en su interior un mundo animal que sólo puede verse si abres -o mejor aún, te abren- los ojos y los oídos.

Un meteorito, que creímos primero estrella fugaz, se convirtió en bola de fuego y desapareció. La luna llena emergió sobre las aguas del río -revueltas como el mar por un viento furioso- al llegar a él. Y en un claro del bosque de alisos (y sus troncos de aparente agua), una profesora de yoga guió una meditación con rayos de luna colándose entre las ramas e instrumentos sonando desde la oscuridad. Sólo ese día, el que sentía que no podía ser otro, por el que me fingí enferma y me salté un día de curro y una fiesta.



Dos.
Reencuentro en el planetario
Bajo la bóveda celeste, ya a oscuras, se sentó al lado del peque otro niño de su edad acompañado de un padre que, tras varias miradas de incredulidad, resultó ser un amigo de Barcelona al que hacía más de diez años que no veía. Volvimos a quedar, con birras y vinos delante, y mis neuronas se incendiaron de ganas de plantarse al otro lado del charco y sumar fuerzas en la guerra abierta.


Tres.
Año nuevo desde la azotea de un treceavo piso
Lo que a las ocho de la tarde parecía una Nochevieja catastrófica sin cena, a las 23.00 era un asado con tortilla de patatas, ensalada, tamal colombiano y ríos de vino tinto y a las 00.30 se había convertido en la fiesta de cinco amigos compartiendo el cielo de Año Nuevo de Buenos Aires (y sus omnipresentes fuegos artificiales) desde la azotea solitaria de un treceavo piso de San Telmo, champán en mano, viento en los cabellos y risas incontrolables. 

Flotando.

martes, 31 de diciembre de 2013

Amanecer entre tus piernas en la ciudad de la furia

Toda una delicia:

lunes, 8 de julio de 2013

Placeres mínimos XX


Con un sindrome de abstinencia tremendísimo de bares madrileños, de barras largas, bulliciosas y superpobladas, de ver tapas, cañas, vinos y vermuts circulando ininterrumpidamente,

entrar por primera vez en la Esperanza de los Ascurra, correr a sentarme sola a la barra, pedir una caña y beberla saboreando una tapa de queso manchego.

La tapa era minúscula, la cerveza no estaba bien tirada, pero el chute fue lo suficientemente real para provocarme una sobredosis de felicidad.

Como todo yonqui, ahora sólo pienso en volver y volver y volver y compartir la nueva droga con el pirata.
 

sábado, 29 de junio de 2013

Placeres mínimos XIX


Abrazar pirómanamente.
Abrazar sorbiendo soledades, emborrachando pieles, entregándome toda.
Abrazar sólidamente, construyendo confianzas y amistades.
Abrazar abriéndome, dejándome hacer, dejándome beber, dejándome decir.
Abrazar cerrándome, para que la poesía de Pizarnik me duela menos, menos me duelan sus manos azules apretándome la garganta, su boca oscura mordiéndome el corazón, sus puños lilas violentándome.

domingo, 16 de junio de 2013

La tormenta perfecta


El deseo aplazado de rayos, truenos y Ricardo torrencial reapareció -con más fuerza aún- bajo la ducha matutina y fue fermentando entre idas y venidas por Madrid, hasta estallarme en los morros de noche en el japo de Echegaray.

De ahí a su casa sólo recuerdo cómo sus besos caricias miradas susurros agarrones tironesdepelo me iban empapando el coño -sin bragas bajo el vestido blanco-, mojándome también los muslos, erizándome la piel, fulminándome de deseo mientras esperábamos un metro que no llegaba,

y después, en su cama ya, con dos gintonics casi sin probar, penetrada por todos lados, doblepenetrada al unísono con su polla y sus juguetes, enloqueciendo de placer en sucesivas oleadas, mirada, deseada, salvaje, incapaz de dormir, de detenerme, de decir que no a nada, de no volver a traspasar las paredes con gemidos al correrme unaaaaaahahhh vez síiiiiiiii máaaaaaaaaaaaas...

dejándome arrastrar por la furia de una tormenta perfecta,
que en las horas siguientes arrasó también el salón y amenazó con romper la impresora 3D casi lista, los botellines de la futura Txomin y toda caja con cachivaches que encontró a su paso.

En algún momento logramos quedarnos dormidos para volver a buscarnos poco después, chuparnos, follar, gritar, desayunar, follar más, sin dar crédito a cómo las agujas del reloj avanzaban a semejante velocidad, corriendo tarde a citas varias y reencontrándonos a medianoche para volver a abalanzarme sobre él, él sobre mí, llenar de besos la ensalada, sentir su mano caliente en mis muslos aceleradamente desnudos, resbalar juntos por el sofá, reír y gozar más allá de todos los límites posibles...

Desperté en la oscuridad, con el cuerpo resucitado y muerto a la vez,  atravesado por el dolor y el placer, y fue imposible no empezar a lamerle, violarle aún medio dormido y seguir, ya más despiertos, apurando hasta el último sorbo, antes de correr a la estación de autobuses y despedirnos como tontos en el andén.

Primeros rayos

Un tirón de pelo.
Segundos nomás. Ni demasiado fuerte, ni demasiado suave, sino con la intensidad precisa para provocarme una descarga eléctrica y arrancarme un ahogado gemido de placer. ¿Pero cómo coño sabe...?
Superada la sorpresa, mis neuronas volvieron a registrar la cumbia, las caderas a bambolearse entre ocho manos, la boca a enroscarse con otras al ritmo del casette... durante tiempo suficiente para quizás dudar si me lo había inventado... y sentir entonces cómo sus dedos volvían a cerrarse sobre mis rizos y una segunda descarga eléctrica me dejaba muy claro que no. Desnúdame y fóllame ya. Pero ya. Yaaaa.

Siguió la música, los roces, los besos compartidos, mientras mi coco retrocedía a la calle para rescatar el primer rayo, la primera señal de la tormenta que se avecinaba: su mirada, clavada en mí, desordenándome ya sin haberme tocado aún.

...

A veces, hasta un cielo mordoriano se queda de pronto sin nubes, más aún en primavera, y algo así pasó esa noche, en la que se escapó y me fundí en otros brazos, entre otras piernas; y mientras él pedaleaba de vuelta a casa, yo subía, bajaba, jadeaba y me corría feliz en una noche vuelta inesperadamente soleada.

Hechicero

Rodeado de pucheros, brebajes,
botellines y copas en los que vertirlos,
un hechicero
volvió a abrirme las puertas de su casa y de su cocina, embrujadas con una mezcla de libertad, carnalidad y felicidad contagiosa, palpable en sus múltiples y amados invitados,
que entran y salen,
se besan y acarician,
beben, bailan y charlan
alrededor de una mesa de madera llena de transformaciones alquímicas.
Dentro de sus paredes, se suceden conversaciones ideas sueños orgasmos de una habitación a otra
Fuera, las calles de Madrid se convierten con él en un laberinto de historias susurradas
sobre conventos con novicias poseídas por confesores para ser desposeídas del diablo (San Plácido),
reyes promiscuos (Felipe IV en cabeza),
hilanderas mitológicas, familias disfuncionales, tetas y orgías (El Prado),
iglesias de gran belleza oculta (de los alemanes),
escaleras que ascienden a azoteas con vistas inesperadas (secreto) y descienden a maquetas increíbles de la ciudad preborbónica (Museo de la ciudad de Madrid), entre otros.


Mil gracias por tanta generosidad.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Con los ojos de un niño

"Mamá, una luna", me dijo hoy Kim mostrándome una hoja de eucaliptus arqueada recién caída al suelo.

"Sí, una luna. Una luna verde", contesté sonriéndole.

Muchas lunas verdes, al alcance de la mano, pero sin tus ojos nunca me hubiese dado cuenta.

jueves, 10 de mayo de 2012

Después de una tormenta de otoño



Llegó a Buenos Aires  

ese frío que despierta la piel,
 

el sol jugando al escondite con las nubes,
 

las calles húmedas y resbaladizas,

las aceras escondidas bajo hojas ocres rojas amarillas,
 

las medias enfundadas en piernas tentadoras,

los abrigos que, sugiriendo y ocultando, invitan a soñar,

el deseo de fundirse con otros cuerpos febriles,

el placer bajo edredones.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Placeres mínimos XVII

Dormir. Y dormir. Y seguir durmiendo...


hasta nueve horas del tirón, como en los viejos tiempos,
porque nuestro bebé, de un añito y diez meses, lleva tres noches seguidas en su camita sin despertarse.


(Yupiii)
(Yejeeeeee)
(Triple voltereta mortal)



miércoles, 8 de febrero de 2012

Al otro lado del charco

Se antoja linda Buenos Aires.
Es un lujo poder pasearla semi-cerrada por vacaciones, casi-vacía y ligera de ropa.

Van de europeos, lo que tú digas, pero por las calles se respira ese ritmo lento en el que viven los países excluidos del club de los desarrollados, se regalan sonrisas, se reciben ofertas de ayuda e incluso números de teléfonos y direcciones.


Se van las horas frente a una taza vacía en un café sin sentir miradas incómodas, al atardecer los parques se llenan de abuelos jugando al ajedrez y de gente tomando mate y aparecen teatros y librerías en mitad de la nada.


Y sí, de entrada Buenos Aires parece cara, recara, no tengo ni idea de cuanto podremos vivir aquí, pero hasta entonces la gocemos de lo lindo.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Placeres mínimos XVI

Comprimir la vida en una maleta de 20kg.

Y facturarla en un avión, sabiendo que lo único imprescindible viaja a mi lado: mis dos hombrecitos, mi pequeño planeta :)

El próximo post, si logramos cruzar el Atlántico, desde Buenos Aires, nuestra nueva casa.

sábado, 3 de diciembre de 2011

The first day of the rest of my life

Me he despertado con un ataque de vértigo, como si en vez de en la cama me encontrase en una cornisa pirenaica, paralizada sin saber por dónde bajar. Pero Kim no ha tardado en rescatarme, con un gesto que de tan cotidiano me ha hecho sonreír: me ha cogido de la mano y no me la ha soltado hasta que me he levantado, hemos ido a la cocina y le he abierto la nevera para que cogiese un yogur.

Una horita después llegábamos a un Retiro matutino, laborable, prehibernal y desierto. Y allí, inesperadamente, las notas de un saxo han invadido el silencio, dejándome claro que no voy a echar de menos vivir encerrada en una redacción.

Por la noche me ha venido a la cabeza el tema The first day of the rest of your life de Timo Maas con el que me despedí de Indonesia y de las noches de 72 horas ininterrumpidas de Stadium:




La foto es de Viviendo en Madrid