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sábado, 6 de julio de 2013

Pesadilla de filas infinitas


- Hola, ¿esta es la fila para entrar al festival de música?
- No, esta es la fila para que te den la entrada.
- ¿Pero no es gratis?
- Sí, pero hay que hacer fila porque tenés que tener entrada para poder entrar.
Whattttt?

**

- Quiero 250 gramos de muzzarella.
- No, señora (aaaaarrrggghhhhh), aquí despachamos fiambres.
- Pero si los quesos están ahí mismo  (señalo). ¿No me podría dar un trozo?
- No, señora. (la vena del cuello empieza a hinchárseme) ¿De dónde sos?
- De Barcelona
- Ah, qué lindo. Mirá, para los quesos debés hacer esa fila, para la carne la de la derecha, el pollo allá y al fondo hacer fila para pagar y que le den las bolsas.
Ufffffffff.

**

- Le hago una consulta, señorita, está haciendo fila?
- (con la voz más categórica que encuentro) No, porque sólo somos cuatro.
- (la desconocida alza la voz para que la oigan todos) Ya, pero mejor vamos a formar una fila para cuando abran la taquilla.
(Ruido instantáneo de pies alineándose)
Socorroooooo.

**

- Buenos días, ¿para tramitar el permiso de residencia de mi hijo? Tengo cita previa.
- (cancerbera de Migraciones) Bueno. Debe hacer fila acá (+ o - 400 personas) para que le tomen los datos biométricos, luego fila allá para pedir turno para la ventanilla del sector D (+ o -10 personas) , donde tiene que esperar a que aparezca su número en pantalla (+ o - 20 personas). Si aprueban su solicitud, al fondo está la fila para las cajas (+ o - 30 personas) y cuando tenga el recibo, regresa al sector C para que se la tramiten (+ o -20 personas).
- (calculo, tiempo aproximado: cuatro horas) Pero P. (jefe de sección de Migraciones) me dijo que no hacía falta que hiciese esta fila.
- Ah, si se lo dijo P. pase por aquí...

- (funcionaria) Le falta el certificado policial.
- Pero si vive en el mismo domicilio que yo, el que aparece en mi permiso de residencia y en ,o DNI argentino.
- Si no tiene el certificado policial no le puedo completar el trámite.
- P. me dijo que si surgía algún inconveniente que hablasen con él.
- Ah, espere...
(se levanta)
(vuelve)
- Puede traer el certificado en el plazo de diez días. No hace falta que haga fila, me lo trae directamente a mí.

Síííííííííííííííííííííííííííííííí

(Me jodió, pero ante semejante pesadilla, no pude resistirme)

viernes, 1 de junio de 2012

Destierro

Desde hace años, muchos se han ido a poner cafés, trabajar o simplemente vivir fuera de ese país mugriento que se llama España. [...] 

Muchos, ya entonces, se largaron en silencio. No se quejaron jamás de las injusticias que vieron en su entorno, de la corrupción mental, de la indiginidad de vivir en la tierra del amiguismo o del quítate tú para ponerme yo. Como sombras abandonaron discretamente el barco.

Son aquellos que no tienen amigos, que no roban, ni mienten, son aquella parte de la sociedad que se sienta a tu lado y comparte las cosas que son normales, las que nos hacen ser humanos.

No son los mejores los que se van. Los que se destierran, son aquellos que aspiran simplemente a vivir dignamente, los que no soportan que su patria sea un infierno.

Lo cuenta David desde Londres. Lo comparto desde Buenos Aires. 

domingo, 11 de diciembre de 2011

Polvos culpables


i would plead guilty, originally uploaded by w;t.

La otra noche iba a salir yo; acabó saliendo él.


Del bar de debajo del curro a un karaoke. Del karaoke a un antro cercano. De ése a otro. Luego a un after. Y a casa de unos colegas que conoció (dijo).


Amaneció. Yo en casa, vacía; él de fiesta. Se despertó Kim: nosotros en casa, bebiendo el yogur al que está enganchado el peque; él de fiesta, alcohol, drogas, sexo & rock'n'roll). Envidia, envidia biliosa, así que a la hora a la que teníamos pensado ir juntos a hacer la habitual compra del sábado le llamé cabreada:

-...
-Tía, me tomo una o dos copas más y voy a casa.
Cling.


Tía??? Le mato, le fusilo. Joder, le ahorco, le arranco las uñas. Pero qué cojones es eso de tía?? Cabronazo, cuando entres por la puerta te parto la cara, pensaba mientras vestía al muñeco, me vestía yo, cogía el carro de la compra camino al mercado de Maravillas y le escribía sms venenosos que no recibían respuesta.


A la una y pico empezó a llamarme.
Y una mierda, no lo pienso coger.
Que no insistas.
No.
N...
-Hola...
-¿Dónde estáis?
-Llegando a casa.
-Yo también.


Y el mamón llegó guapísimo, claro, le sienta de puta madre salir de fiesta.


-Muac. Perdona. Me quedé dormido en casa de unos tíos. Menos mal que estáis en casa... Voy a ducharme.
 (...)
-Lo siento, perdona. Muac. Mira cómo estoy. Abre la boca. Ábrela. Ábrela más. Así...
(...)
-Ven. Ven aquí. Muac. Perdona. Slurp slurpslurp.


Perdona y disfruta, pensé, renunciando a la tortura a cambio de un (bendito) polvo con sabor a culpabilidad.

viernes, 8 de agosto de 2008

Es triste de robar pero más triste es ligar por un trozo de pan

Un hombre me soltó que quería estar con una mujer, otro sugirió que parásemos el coche para ver los pinos, otro insultó a los catalanes en mi presencia, otro dijo que en Granada hay demasiados moros, otro me ofreció dinero por acompañarle, otro me dijo que si él fuese mi novio no me dejaría ir sola por ahí y me tendría encadenada.

Cada vez que alguno de los desconocidos que he encontrado por el camino soltó una de esas perlas, yo tenía en la mano una cerveza/bocata/coca-cola/comida/agua a la que me habían invitado. No se lo tiré por encima, no me fui, no les devolví los insultos. Me tragué el asco con una sonrisa de niña tonta y esquivé como pude la situación.

Pero tengo muy claro que prefiero robar que prostituir mis orejas por un trozo de pan.

Público también censura

Hoy, que se han inaugurado los Juegos Olímpicos de China después de meses de críticas por la censura, escribo un ejemplo infinitamente más cercano:

La dirección de Público me ha censurado un artículo en el que explicaba que había hecho uso de la sabiduría popular difundida por Yomango para sobrevivir con los 30 euros al día que me dan. Es decir: robé en un supermercado y lo conté. Lo escribí para el suplemento de agosto, donde me habían pedido, explícitamente, que fuese gamberra. Los jefes ni siquiera se han querido poner al teléfono para explicarme personalmente los motivos, que me parecen de lo más divertidos:

Es vulgar
Pero les encantaría que me acostase con un desconocido y lo contase.

Es fácil
¿Alguno de ellos ha sentido el subidón de adrenalina miedo sudor de manos nerviosismo que te recorre el cuerpo cuando te escondes algo en el bolso y pasas al lado de un segurata armado con porra y esposas?

Va en contra de mi ética
¿Y quererme dar 30 euros al día para que sobreviva en España en agosto no va en contra de la suya? ¿Qué sabrán ellos de mi ética?

Perjudica la imagen de la empresa
Todo el mundo a quien le he contado la historia hasta ahora a dicho que los de Público son unos ratas y les ha criticado un montón. Los del súper ni se enteraron.

“Qué atrevida es la ignorancia”, dirían los viejunos del lugar.

martes, 20 de noviembre de 2007

Políticos vomitivos

Es horrible, si encendés la televisión a la hora del desayuno en todos los canales aparece un estúpido haciéndole las mismas preguntas estúpidas a un político que solamente responde con estupideces, me dijo Vega. Como para morirse, Moya, como para vomitar el desayuno, como para arruinarte el día (...) un tremendo asco me producen esos tipos tenebrosos que tienen en sus manos el futuro de este país, Moya, no importa si son de derecha o de izquierda, son igualmente vomitivos, igualmente corruptos, igualmente ladrones, se les nota en la cara la ansiedad por robar lo que puedan.
Es un fragmento de El asco, de Horacio Castellanos Moya, un librito escrito a bocajarro, brutalmente recomendable para leer de un tirón sobre todo en los días en que estás llena de rabia.

lunes, 30 de julio de 2007

Renfe for ever

Renfe nunca falla: si es viernes y empieza la Operación Salida de verano puedes estar seguro que el caos en las estaciones será monumental.

Para no decepcionar a sus fans, en la estación de Sants desconectaron un rato las máquinas de seguridad por donde han de pasar todas las maletas de los viajeros de larga recorrido. La solución, por supuesto, no era abrir las puertas y dejarnos pasar sin someter el equipaje a los rayos X (algo que, oh locura, ocurría hasta hace poco) sino, lógicamente, retrasar todos los trenes y tenernos allí esperando con humo saliendo por las orejas hasta que el menda que se está descojonando con la bromita —mirándonos a través de una cámara— decida que quiere irse a casa y vuelva a conectar los aparatejos. Y digo esto porque una, mientras espera en la cola sin dar crédito a la situación, se pregunta qué tipo de seguridad puede dar pasar las maletas por los rayos X cuando no hay detectores de metales que identifiquen las navajas, pistolas o bombas que cada uno quiera llevar bien pegaditas a su piel.

Ya en el tren, media horita de nada de retraso, los bromistas de Renfe siguen juguetones y aunque es un viaje nocturno deciden que los ejecutivos que viajan en preferente —y los pringados que no han conseguido billete de turista y viajan allí también— no duermen nunca y trabajan las 24 horas del día así que dejan conectadas toda la noche las luces fosforescentes y ponen el aire acondicionado al máximo para evitar que alguno sienta la tentación de echar una cabezadita.

miércoles, 11 de julio de 2007

Cabreoterapia: pasar unas horas con mi padre

"Los organismos vivos, para seguir estando vivos, necesitan producir estrés. Tienes que cabrearte más, y continuamente, si no quieres desaparecer por calma total" Juan Cueto, EPS (09/07/2007)

Lamentablemente, con mi padre cerca, mi capacidad de desaparición como organismo vivo es cercana a cero: Ayer me pide que vaya a verle y así celebramos mi licenciatura todos juntos (él, su tercera mujer, sus otros cinco hijos y yo). La séptima hija, rusa, está perdida entre papeles y burocracias pero calculamos que la cigüeña la traerá el próximo año). Con ganas de ver a mis numerosos hermanos, acepto a condición de que al día siguiente me deje a las 8.30 en la estación (pensando en que entonces llegaremos a las 9) y dice que sí.

Y desde entonces todo va mal, no de casualidad sino como absolutamente siempre: se retrasa una hora para recogerme en la estación y cuando finalmente llega viene en moto y sólo con un casco. Impresionante. Se va -otro rato más- y vuelve con un casco para mí. Le digo no corras, él corre todo lo que puede y un poco más y cuando varios rezos después llegamos al desvío de entrada a su pueblo, se pone a mirar un sms a 90 kilómetros por hora, cogiendo la moto con una sola mano. Quiero bajarme pero no me atrevo a tirarme así que finalmente llegamos milagrosamente enteritos y después de saludos y todas las historias me enseña su cachivache de cocina número 5.425: una máquina enorme para hacer pan y me señala que tenemos un banquete de carne en mi honor cuando le he dicho bastantes veces que tiendo al vegetarianismo. Cenamos, hablo con mis hermanos y mi hermana, jugamos con los peques, leemos y dormimos.

Toda esa parte final, donde mi padre ya había desaparecido de escena, sale perfecta pero por la mañana siguiente todo se retrasa hasta límites insospechados y no salimos a las 8 como me había prometido sino a las 8.40, caravana de coches, llegamos a Girona a las 9.15 y en vez de dejarme en la estación vamos al superultramejapijo colegio montessini en cuatro idiomas de mis minihermanos mellizos. Al final no me puedo contener más y exploto: “no llegaré ni al tren de las 9.20 y el siguiente no es hasta las 10.30 y tengo que estar en la oficina a las 10. Aaaaaaaaaaaarrrrrrrrrggggg” y me contesta: “¿pero por qué no me lo has dicho? Te hubiese dejado a ti primero en la estación” Me pongo a cien, mil, zillonmil pero contesto como si nada “Ayer me dijiste que estaríamos a la estación a las 8.30, papi…” Silencio sepulcral, no hay respuesta y seguimos los dos encerrados en el coche, a menos de un metro de distancia. Me ignora, llama por teléfono con el manos libres y finalmente rompe el silencio para decir que como mi tren no sale ya hasta tarde que mejor vamos a la clínica porque a él le están esperando para operar.

Imposible sentirme más viva como organismo. Pero hasta que no note que las puntas de los dedos de los pies empiezan a volverse translúcidos y amenazan con desaparecer por el mono de una buena dosis de cabreo no vuelvo a verle.