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domingo, 16 de junio de 2013

Primeros rayos

Un tirón de pelo.
Segundos nomás. Ni demasiado fuerte, ni demasiado suave, sino con la intensidad precisa para provocarme una descarga eléctrica y arrancarme un ahogado gemido de placer. ¿Pero cómo coño sabe...?
Superada la sorpresa, mis neuronas volvieron a registrar la cumbia, las caderas a bambolearse entre ocho manos, la boca a enroscarse con otras al ritmo del casette... durante tiempo suficiente para quizás dudar si me lo había inventado... y sentir entonces cómo sus dedos volvían a cerrarse sobre mis rizos y una segunda descarga eléctrica me dejaba muy claro que no. Desnúdame y fóllame ya. Pero ya. Yaaaa.

Siguió la música, los roces, los besos compartidos, mientras mi coco retrocedía a la calle para rescatar el primer rayo, la primera señal de la tormenta que se avecinaba: su mirada, clavada en mí, desordenándome ya sin haberme tocado aún.

...

A veces, hasta un cielo mordoriano se queda de pronto sin nubes, más aún en primavera, y algo así pasó esa noche, en la que se escapó y me fundí en otros brazos, entre otras piernas; y mientras él pedaleaba de vuelta a casa, yo subía, bajaba, jadeaba y me corría feliz en una noche vuelta inesperadamente soleada.

lunes, 28 de noviembre de 2011

24 horas antes

Vibra el móvil por un sms con su nombre:

Mañana te voy a tratar como una puta

Aún quedan 24 horas. Demasiado tiempo.

Sí... sí... ajá...


En un oscuro bar cutre de Madrid, 

uno me habla y habla y habla, 
mientras por detrás él me toca el culo disimuladamente y logra que no consiga enterarme de nada más. 

- Sí… sí… ajá…, balbuceo perdida ante mi interlocutor, mirándole fijamente para que siga hablando sin darse cuenta de que para mis neuronas sólo existe esa mano, que me obliga a restregar mi culo contra ella y a estirarme para dejarla avanzar; hasta que se retira bruscamente, sin piedad, dejándome un volcán en erupción entre las piernas.

Visión fugaz

No me esperaba una polla así de grande. Ni tan preciosa.
Había cerrado la puerta. Bumbumbumbumbum. Me cogió la mano, me la puso encima y fue al agarrársela cuando me di cuenta. Se me abrieron los ojos como platos y sonreí como una imbécil. Y seguí sonriendo cuando se la guardó y desapareció, con una mirada cómplice como toda despedida.

No logré dar pie con bola el resto de la noche. Ni pensar en otra cosa.
Quiero más.

martes, 15 de noviembre de 2011

Lúbrica espera

Parpadea el chat con su nombre.
-...
-Quiero enseñarte mi polla.
-Y yo comérmela.
-....

Mmmmmmmmmmmm.
Algún día.