lunes, 28 de noviembre de 2011

Sí... sí... ajá...


En un oscuro bar cutre de Madrid, 

uno me habla y habla y habla, 
mientras por detrás él me toca el culo disimuladamente y logra que no consiga enterarme de nada más. 

- Sí… sí… ajá…, balbuceo perdida ante mi interlocutor, mirándole fijamente para que siga hablando sin darse cuenta de que para mis neuronas sólo existe esa mano, que me obliga a restregar mi culo contra ella y a estirarme para dejarla avanzar; hasta que se retira bruscamente, sin piedad, dejándome un volcán en erupción entre las piernas.

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