Tenemos tres horas por delante cuando arranca el autobús de Marrakech a Essaouira y los asientos de al lado— sea por el destino, intervención divina, despiste del autobús o regalo de no-cumpleaños — están vacíos.
Intercambiamos miradas, susurros y manos esperando que al rozarnos salga de su escondite en la lámpara algún lugareño maldito. Pero todo sigue igual. Incrédulos, pero salidos como perros, después de la parada en el bar-del-amigo-del-conductor seguimos sin vecinos de autobús. Y volvemos a mirarnos, susurrarnos y manosearnos.
Estoy ardiendo cuando me tumbo sobre sus rodillas, con su chaqueta enorme por encima, cubriéndome de la cabeza a la cintura. No veo absolutamente nada aunque tengo los ojos abiertos. Pero le noto empalmadísimo al rozarle por encima del fino pantalón de casi verano. El olor es muy fuerte y excitante también. Acerco la boca, esperando que sienta el calor húmedo que desprende. Y lo siente. El botón ya está desabrochado. Le bajo la cremallera despacio, meto una mano —la izquierda, por eso de ser zurda— y le agarro la polla, primero suave, luego menos suave, después incluso con un poco de fuerza y cada vez más. Está enorme, caliente, a punto de explotar. La palpo lentamente hasta el final, la recorro con la lengua hasta donde permite el pantalón, sería demasiado escandaloso sacarla, demasiado atrevimiento. Cuando finalmente cambio de idea, él no se mueve, está quieto y silencioso como una estatua. Me muero de calor bajo su chaqueta y daría lo que fuese por ver su cara mientras le masturbo lo más despacio posible para disimular cada movimiento. Exasperantemente despacio también, mi lengua entera se desliza arriba y abajo de su verga durísima, notando con claridad las venas hinchadas, entreteniéndose en el glande, antes de no poder resistir la tentación de metérmela en la boca. La retiro rápido porque es evidente que chupársela va a ser demasiado descarado pero ya estoy demasiado excitada para que me importe. Repito. Un poquito más dentro. Un poquito más. Hasta que noto que me agarra un brazo y me quedo petrificada, dudando si si su gesto significa que pare o que siga, mientras me doy cuenta que estoy empapada, ahogándome de calor, impregnada de un olor acre y penetrante, y pasados unos segundos sigo chupándosela, moviendo ya cada vez menos despacio la mano y dándole nada lentos y pequeños lametones en el glande. Finalmente explota sin el más mínimo gemido. Y noto cómo la boca y la garganta se llenan de semen antes de tragarlo todo. Y relamerme los labios.
(...)
La mejor mamada de mi vida, me dijo al recuperar el habla. Cierto o no, me encantó escucharlo.
miércoles, 20 de febrero de 2008
Quieres que te haga un güaguis, mi vida?
Publicado por minimono en 23:58 2 comentarios
Etiquetas: malvadidades, marruecos, pirata, sexo
La maldición de los lugareños que brotan como setas
Brotan
camareros, por arte de magia, cada vez que en una terraza solitaria una mano se cuela bajo su camiseta,
pescadores, de la nada, en cualquier playa desierta cuando nos acercamos demasiado,
policías, por toda la carretera, para amonestarnos por una infraction,
malotes, en los lugares más remotos, ofreciéndonos porros, amigo,
pastores, en montañas vírgenes, para pedir agua,
niños, en cualquier callejuela estrecha y oscura, para decir c'est fermée.
En esta preciosa playa, a los diez días de viaje, no apareció nadie...
Publicado por minimono en 23:41 0 comentarios
Etiquetas: malvadidades, marruecos, pirata
martes, 12 de febrero de 2008
Cóctel marrakechí
Ingredientes
- Pon una terraza solitaria
- Añade unos vasos de ron
- Un poco de luna llena anaranjada en el cielo
- Unos porritos para realzar el sabor
- Un buen conversador
- Algunas páginas de libros bien escogidos
- Unos pastelitos marroquíes para conseguir el toque dulce final.
Mezcla, comparte y saborea en una tumbona sin prisas. La prisa mata, amigo.
Publicado por minimono en 22:50 5 comentarios
Etiquetas: marruecos
Lost in translation en el hammam
Al cruzar la puerta distingo al fondo a tres mujeres matusalénicas que murmuran en una mezcla incomprensible de árabe y francés. No entiendo absolutamente nada de lo que me dicen pero me quedo allí de pie, sonriendo y sintiéndome totalmente perdida. Les enseño monedas y cogen una de diez dirhams, indicándome después por señas que me desnude entera menos las bragas, mierda, llevo tanga, pienso fugazmente, poco antes de recibir un cubo grande y otro pequeño y verme empujada hacia el interior.
Es un espacio en penumbra, envuelto de un vapor húmedo y muy caliente que se engancha a la piel y la despereza, en el que distingo mujeres sentadas enjabonándose, frotándose, compartiendo secretos, aclarándose, peinándose, secándose, mierda, no he traído jabón y me he dejado la toalla en la bolsa, me digo...
Me quedo en un extremo de la sala, arrojándome por encima el agua casi hirviendo que tengo en el cubo y mirándolas fascinada hasta que una de las chicas más jóvenes se acerca a mí con curiosidad y me empieza a preguntar. No entiendo nada, levanto los hombros y la miro con ojos interrogantes, me mira, sonríe, vous êtes très jolie, dice. Vous aussi, contesto. Sus ojos negrísimos me miran otra vez, me enseña su champú, sonrío y me dejo enjabonar el pelo, que queda impregnado de un intenso olor a océano. Me pasa su gel y metiendo su mano en un guante de crin me frota la espalda y los brazos con fuerza, para eliminar las células muertas, entiendo en su susurro y tiemblo ligeramente cuando, desde detrás también, me pasa el guante de crin por el estómago y las tetas.
Invertimos los roles y las posturas e imito nerviosa sus movimientos por su piel suavísima hasta que se gira hacia mí, sin miedo, más fuerte o algo parecido me dice cogiendo mi mano bajo la suya y arrastrándola a los muslos. Sigue hablándome en susurros y no entiendo nada de nada pero me levanto cuando me ofrece la mano, contesto a cada cubo de agua caliente con otro igual y a cada cubo de agua fría con un escalofrío que me obliga a cerrar los ojos. Cuando los abro, con la carne de gallina y temblando, descubro a muy pocos centímetros su sonrisa descarada.
Publicado por minimono en 22:34 1 comentarios
Etiquetas: marruecos
lunes, 4 de febrero de 2008
El juego de la china menguante
- Hola amigo, ¿quieres porros?
- Vale
- Sígueme
- Vale
- Pruébalo
- Vale
Y al dar la primera calada, sentados en una terraza bebiendo té, empieza el juego, en el que hago de espectadora.
- Es de muy buena calidad, 400 dirhams, le dice el Malote al Pirata pasándole una china pequeña.
- Está bueno, sí, pero como mucho 200, contesta.
- No puede ser, amigo, éste es muy bueno, dice el Malote recuperando la china, 350 como mínimo, señala al entregarla un poco más pequeña.
- Que sí, pero que como mucho 200, insiste el Pirata devolviéndo la pelota al campo contrario.
- 300 , dice como contraoferta, enseñando una china aún más menguada.
Al llegar al final del juego, tenemos claras que las reglas no son regatear el precio sino el tamaño, arañando un trozo cada vez que la pelota pase a tu campo.
Ya solos, dos porros después, nos morimos de risa.
Publicado por minimono en 16:58 7 comentarios
Etiquetas: marruecos
Comer, beber y amar en el sur de Marruecos
MARRAKECH
Plaza de D’jema El Fnaa
Gente, gente, gente y entre unos y otros zumos de pomelo rosa, té con menta por las terrazas, puestecillos humeantes en los que zamparse unas lentejas moras, atardeceres con el muecín de fondo, culturetas nocturnos (y algunos muy guapos) en Les jardins de l’Alhambra, serpientes sordas de tener una flauta enganchada a las orejas, leyendas infinitas contadas en corros.
Hammam Dar el Chabra
En la calle Fatima-Zohra, cerca de la Koutubiya. Para olvidarse del mundo en una caverna húmeda e hirviendo.
Hotel Gallia
Un riad con una terraza inolvidable. Sólo me quedé con ganas de usar la mantequilla, la mermelada y la miel del petit dejeneur en un festín caníbal por la cama.
Dar Cherifa
Salimos del caos de Marrakech al atravesar su escondida puerta y entrar en un café literario-galería de arte silencioso, con exposiciones temporales, sol por todos lados, almohadones inmaculados, almuerzos ligeros, susurros, miradas.
ESSAOUIRA
Taros
Un restaurante en el que brindar por el fin del viaje y derretirse de placer desde la primera ostra hasta el postre.
Plazuela pequeña a la derecha de la rue Mohammed Zerktoun
Un enorme zumo de naranja y kiwi con té de jazmín en una terracita al sol a 23 ºC en enero.
Plaza de Moulay Hassan
Petit dejeneurs viendo como la ciudad se despierta.
Les massages bérbères
Un masaje de dos horas con aceite de argán para salir flotando (y recordando Asia).
ENTRE ESSAOUIRA Y SIDI IFNI
Sidi Kaouki
A sólo treinta kilómetros de Essaouira, una playa inmensa y casi desierta en la que paseamos, nos bañamos, nos secamos en las dunas fumando un porrito y acabamos comiéndonos unas sardinas a la brasa, aceitunas con picante y ensalada de tomate marroquí en uno de los chiringuitos.
Cabras acrobáticas sobre los árboles de argán
Uno de los atractivos más divertidos del precioso paisaje que atraviesa la carretera entre Essaouira y Agadir.
Playas entre Tamri y Taghazoute
Da igual en cuál de ellas decidas bajar del coche, son todas impresionantes y vírgenes.
Playa Legzera
A la izquierda una puerta tallada en roca y, al atravesarla, una roca roja con forma de elefante. A la derecha, dos calas de las más bonitas que he visto en mi vida. Me encantaría volver allí sólo para cómo el sol desaparece en el mar al atardecer.
Hotel Suerte Loca en Sidi Ifni
Está allí desde 1936, llevado por una familia encantadora. Un lugar al que ir cuando quieres que no te encuentre nadie y se paren los relojes. Gracias, David.
Publicado por minimono en 15:53 2 comentarios
Etiquetas: comer y beber, marruecos
