Avanza la ciudad sobre los cuerpos.
Los acelera asusta individualiza excluye rutiniza emputece.
Pero resisten cuerpos subversivos,
como el suyo,
que no tienen urgencia.
Que te acarician con la yema de los dedos los pómulos, mirándote,
te besan casi inmóviles,
pasean lentamente sobre pieles cada vez más descubiertas,
exploran con sus lenguas entre tus piernas,
encontrando coños palpitantes, trémulos, borrachos de placer orgasmo tras orgasmo,
y los penetran ya saciados, entregados a los excesos, masturbándote -ellos, tú-
(sin dolor,
sin someterte,
sin insultos,
sin darte la vuelta buscando tu culo)
se detienen,
reciben tu coño de nuevo en su boca,
chupándote,
tragándote,
vuelven a penetrarte,
se frenan más,
te guían,
explotan,
y exhaustos
duermen, duermes, entrelazados, dando vueltas sin separarse nunca del todo, besándose sin llegar a despertar completamente,
horas y horas durmiendo,
sin obligaciones,
sin niños,
sin despertadores,
sin móviles,
entreabren los ojos pasado el mediodía,
sólo para volver a darte lo que pidas
y dormir un poco más,
mientras agarras un libro de Copi de su mesilla
y se te escapan carcajadas
camino a su bañera.
Te vistes mínimamente,
sigues con Copi en el balcón mientras esperas,
desayunalmuerzan contigo
y te despiden en la boca del metro con un beso pausado, cargado de ternura,
rumbo al trabajo,
con tu cuerpo más humano, menos mercancía.
sábado, 11 de enero de 2014
Cuerpos subversivos
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lunes, 30 de diciembre de 2013
Alucinaciones infernales
Es muy fácil llegar a Buenos Aires, pero difícil salir. Los no-ricos quedan atrapados en la jaula por no tener montañas de dólares (que no pesos); los no-pobres por faltarles los cientos de horas que hacen falta para alejarse.
Encerrada aquí, a más de 40 grados de sensación térmica, me refugié en la Reserva Ecológica Costanera Sur,
entre bosques de alisos que al acercar la oreja a su tronco parecen transportar torrentes de agua,
mburucuyás que al tragarlas te adormecen,
curupís que arrojan leche pegajosa,
lunas llenas que mes a mes asoman como voyeurs por el río-mar de la Plata a ver cómo manos suben faldas, arañan muslos, estiran bragas para abrirse paso, entrar y mojarse en agitadas lagunas, bañadas de olas ruidosas de placer que se camuflan entre el croar de las ranas, el canto de las chicharras y el aleteo acelerado de búhos, murciélagos y atajacaminos.
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domingo, 29 de diciembre de 2013
Delirium tremens (ola de calor)
Décima madrugada a 32 grados en Buenos Aires.
Amanece a 14 grados bajo cero en Moscú.
Mi cuerpo respira, transpira, da vueltas, insomne.
Saca una botella de vodka del congelador.
Abro la boca.
Vierte un trago helado.
Trago.
Vierte más vodka, demasiado, demasiado rápido.
Desborda mi boca, los labios agrietados de sed.
El chorro de vodka no cesa.
Al levantarme corre mentón abajo, pringando salientes y recovecos oscuros, muslos, tobillos.
Me mira.
Meada de vodka, digo, río, tiemblo.
Se desnuda, se aleja del frío, rumbo al infierno de rodillas.
Me abro, quemo, jadeo.
Una y otra ola de calor.
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