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domingo, 29 de diciembre de 2013

Delirium tremens (ola de calor)

Décima madrugada a 32 grados en Buenos Aires.
Amanece a 14 grados bajo cero en Moscú. 
Mi cuerpo respira, transpira, da vueltas, insomne.
Saca una botella de vodka del congelador.
Abro la boca.
Vierte un trago helado.
Trago.
Vierte más vodka, demasiado, demasiado rápido.
Desborda mi boca, los labios agrietados de sed.
El chorro de vodka no cesa.
Al levantarme corre mentón abajo, pringando salientes y recovecos oscuros, muslos, tobillos.
Me mira.
Meada de vodka, digo, río, tiemblo.
Se desnuda, se aleja del frío, rumbo al infierno de rodillas.
Me abro, quemo, jadeo.
Una y otra ola de calor.

viernes, 6 de septiembre de 2013

La abuela Marito



en breve a los mandos de una rotisería española en Villa Ortúzar (Buenos Aires).

(love)

lunes, 26 de agosto de 2013

Del dolor al placer


Rodear con las manos aún congeladas una taza humeante de café recién hecho. Olerlo cerrando los ojos. Dar el primer sorbo. Resucitar.

Del placer al dolor


Recorrer en bici los 13,5 kilómetros que distan de casa a la redacción a 1,5 grados, con viento sur y sin guantes.

lunes, 8 de julio de 2013

Placeres mínimos XX


Con un sindrome de abstinencia tremendísimo de bares madrileños, de barras largas, bulliciosas y superpobladas, de ver tapas, cañas, vinos y vermuts circulando ininterrumpidamente,

entrar por primera vez en la Esperanza de los Ascurra, correr a sentarme sola a la barra, pedir una caña y beberla saboreando una tapa de queso manchego.

La tapa era minúscula, la cerveza no estaba bien tirada, pero el chute fue lo suficientemente real para provocarme una sobredosis de felicidad.

Como todo yonqui, ahora sólo pienso en volver y volver y volver y compartir la nueva droga con el pirata.
 

sábado, 6 de julio de 2013

Caminando por un cuento de Edgar Allan Poe


La camaleónica Buenos Aires, disfrazada hoy de Londres:



sábado, 20 de octubre de 2012

Bautismo de tango

Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis y siete.
Un oooooooocho hacia un lado y otro oooooooocho hacia el otro.

"Esa es la teoría, pero a menudo hay otras parejas y no queda espacio, así que el hombre tiene que improvisar. Tú no pienses, siente mis movimientos y déjate llevar", escuché de los labios de un bailarín convertido en profesor. Siiiiiiiiiii, tremendo placer ser sólo mujer, sólo cuerpo, y danzar danzar danzar...

Pasaron nueve meses hasta que bailé por primera vez tango en Buenos Aires. Fue en La Viruta, la milonga que hay en el Centro Cultural Armenio, rodeada del pirata, amigos y culos asombrosos.

Entre su cuello y sus manos

Cuesta creer que ya ha pasado una semana,
cuando aún es tan fácil cerrar los ojos y volver a danzar en el infierno con ellos, entre ellos, con la boca entreabierta sobre el cuello de ella, tibio y dulce, y los colmillos suplicándome permiso para morderlo y darse un festín de sangre, y el resto de mi cuerpo a merced de las manos de él, llámandolas, gozándolas y chillando que lo recorran violentamente sin dejar de danzar.


En El Living, entre videoclips de los 80s.


sábado, 23 de junio de 2012

Teoría (provisional) de porteños y catalanas o el agua y el aceite

Uy, ya verás, los argentinos, qué guapos son, qué seductores, qué peligro, que bla bla bla, me decían antes de venir para aquí.

Pasó un mes, luego dos, tres, cuatro, cinco...  

y porteños guapos hay, porteños salidos repasando el culo de todas las tías que pasan por la calle también, pero... ¿peligrosos?

Varias amigas catalanas confesaban estos días que echamos de menos que nos sonrían de forma gratuita en la calle, que un tío se nos quede mirando en el subte, que alguien frene su bici junto a la tuya para preguntarte cualquier tontería, que te sigan por el súper, que se te acerquen con curiosidad en un café... y si finalmente ocurre... ¡nunca son argentinos!

Por regla general, los porteños ni te miran (a los ojos; el culo siempre), pero la excepción que confirma la regla aparece y empieza a enrollarse y enrollarse y enrollarse... algo que a las catalanas, pues como que... no. (o no... la mayoría de las veces).


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Las pruebas por ahora son escasas y poco concluyentes, quizás algún día nos comemos la teoría con patatas.

jueves, 10 de mayo de 2012

Después de una tormenta de otoño



Llegó a Buenos Aires  

ese frío que despierta la piel,
 

el sol jugando al escondite con las nubes,
 

las calles húmedas y resbaladizas,

las aceras escondidas bajo hojas ocres rojas amarillas,
 

las medias enfundadas en piernas tentadoras,

los abrigos que, sugiriendo y ocultando, invitan a soñar,

el deseo de fundirse con otros cuerpos febriles,

el placer bajo edredones.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Al otro lado del charco

Se antoja linda Buenos Aires.
Es un lujo poder pasearla semi-cerrada por vacaciones, casi-vacía y ligera de ropa.

Van de europeos, lo que tú digas, pero por las calles se respira ese ritmo lento en el que viven los países excluidos del club de los desarrollados, se regalan sonrisas, se reciben ofertas de ayuda e incluso números de teléfonos y direcciones.


Se van las horas frente a una taza vacía en un café sin sentir miradas incómodas, al atardecer los parques se llenan de abuelos jugando al ajedrez y de gente tomando mate y aparecen teatros y librerías en mitad de la nada.


Y sí, de entrada Buenos Aires parece cara, recara, no tengo ni idea de cuanto podremos vivir aquí, pero hasta entonces la gocemos de lo lindo.