domingo, 21 de diciembre de 2008

Comer, beber y amar en Fuerteventura

Fuerteventura es una isla-desierto. Africana. Volcánica. De horizontes lejanos. Un océano azuloscurocasinegro. Y centenares de colinas desnudas.

Serpenteamos toda la costa en coche: desde el faro del fin del mundo -a veinte kilómetros de pista sin asfaltar y varias calas desiertas de Morro Jable- hasta Corralejo y sus inmensas dunas de arena blanca en las que se funden desierto y playa.


Recorrimos, al borde del precipicio, las curvas entre Pájara y Betancouria con el Atlántico siempre al fondo, muy abajo, muy lejos, muy fiero.

Nos hinchamos de pescado en terrazas frente al mar, siempre con una botella de Bermejo blanco seco delante: salmonetes fritos en Los Caracolitos de las Salinas del Carmen, mejillones con mojo verde en La Barraca de Tarajalejo, sardinas en La lonja de pescadores de Corralejo y navajas obscenas en La Capitana del Muelle Viejo de El Cotillo.

Y en la Casa Tierra de Elvira, dormimos, escribimos, leímos, hicimos el guarro y nos olvidamos del mundo durante una semana.

Iberia y su huelga de celo nos regaló tres horas extra de sol a 25 grados en el aeropuerto. Desde aqui les doy las gracias ;)

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