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miércoles, 1 de julio de 2015

Placeres mínimos XXII

Polla al vino tinto

domingo, 28 de junio de 2015

Placeres ahogados

I. En su casa siempre, mi casa hoy, despertada recién, duchada a medias, se cuela para enjabonarme el pelo, resbalar hacia abajo y abrasarme con sus dedos candentes hasta convertirme nomás en cerilla calcinada.


II. Noche ya, de rodillas, empapada, obedezco.

sábado, 11 de enero de 2014

Placeres mínimos XXI


Las rodillas contra el pasto húmedo una sofocante noche de verano.

martes, 13 de agosto de 2013

Cocinando

Entre fogones contra el insomnio


Placeres argentinos


Morder una pastilla de chocolate
y sentir cómo se te llena la boca de dulce de leche.

mmmmmmmmmm...

sábado, 29 de junio de 2013

Placeres mínimos XIX


Abrazar pirómanamente.
Abrazar sorbiendo soledades, emborrachando pieles, entregándome toda.
Abrazar sólidamente, construyendo confianzas y amistades.
Abrazar abriéndome, dejándome hacer, dejándome beber, dejándome decir.
Abrazar cerrándome, para que la poesía de Pizarnik me duela menos, menos me duelan sus manos azules apretándome la garganta, su boca oscura mordiéndome el corazón, sus puños lilas violentándome.

martes, 20 de noviembre de 2012

Bici roulette

El sistema de alquiler de bicis gratuito de Buenos Aires tiene un cierto parecido al chatroulette, quizás de ahí mi creciente adicción:

un día surco la ciudad en una bici con poco rodaje, de piel lustrosa, andares livianos y quizás incluso un punto demasiado dura; otro subo sobre una abuelita a la que le rechina todo el esqueleto, tiene torcida la columna y las extremidades y va perdiendo dientes por el camino, sobre todo en las escasas cuestas; otro más me entregan una virgen y la conduzco nerviosa porque me cuesta ensuciarla y le pido perdón por bajar o subir los bordillos con demasiada brusquedad;

hay días en que me tocan unas que ni bien ni mal, ni fu ni fa, me sirven para llegar de un punto al otro pero que a los pocos segundos de despedirme no recuerdo ni su cara; algunas veces consigo unas que parecen buenas, pero que enseguida salta a la vista que era todo puro maquillaje y me bajo malhumorada;


las jornadas más afortunadas cabalgo sobre monturas recias, que parecen excesivamente ariscas, pero con el pedaleo se ablandan y se adaptan a mi cuerpo como un guante; o sobre mis favoritas, aquellas que por intuición sé con sólo un vistazo que montarlas va a ser una delicia, puro placer de principio a fin, tanto que olvido dónde iba y me pongo a pedalear sin rumbo fijo para disfrutar un rato más.

Me fascina saber que comparto con ellas un tiempo breve e ínfimas posibilidades de volver a coincidir; que sin ninguna presentación de por medio voy a aplastar mi culo, mi coño y mis tacones contra su duro y frío cuerpo y que antes y después de mí fueron y seguirán siendo usadas y manipuladas por otros.


sábado, 20 de octubre de 2012

Entre su cuello y sus manos

Cuesta creer que ya ha pasado una semana,
cuando aún es tan fácil cerrar los ojos y volver a danzar en el infierno con ellos, entre ellos, con la boca entreabierta sobre el cuello de ella, tibio y dulce, y los colmillos suplicándome permiso para morderlo y darse un festín de sangre, y el resto de mi cuerpo a merced de las manos de él, llámandolas, gozándolas y chillando que lo recorran violentamente sin dejar de danzar.


En El Living, entre videoclips de los 80s.