miércoles, 8 de abril de 2009

Conexión limitada

Puedes localizarme en casa o en el curro. Sigo sin móvil.

Era la última línea del e-mail de Marco, cinco años después de verle la última vez, 48 horas antes de subirme al avión rumbo a su ciudad.
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domingo, 5 de abril de 2009

Kokoro, de Natsume Soseki

Si encierras amor celos odio miedo traición soledad tristeza en el fondo del corazón y los aplastas para que no salgan nunca, se transforma en un trozo de carne oscura y agria. No hay más que ver al sensei de este libro lento y contenido de Natsume Soseki.

sábado, 4 de abril de 2009

Revuelta obscena III

Lo mejor de la Revuelta obscena III fue la excitante lectura dramatizada de Las lesbis que vivían en mi chichi, de Elisa Fuenzalida.

A la mañana siguiente, cuando desperté de un profundo sueño jetlágico, en su habitación quedaban los restos de una orgía memorable:

Cambio de chip

Entre los posts que han quedado estos meses en stand-by por las neuronas, estaba esta carta con respuesta de Rafa Reig:

No son los niños

Si de vacaciones escolares se trata, esto va para largo. Nadie está contento. ¿Qué haces con los niños en vacaciones si no hay nadie en casa? Establecer una semana blanca. Perfecto. Si se trata de ir a esquiar con los muchachos, ¿quién se atreverá a ir con ellos si no tienen ni idea, ni autoridad, ni educación, y encima te hacen responsable hasta de un rasguño que se hagan? Además, estas salidas son caras. ¿Quién lo pagará? ¿Papá Estado? Otra opción son las actividades extraescolares en el cole. Esto resulta contradictorio. Ellos verán. Los niños solos en casa son un peligro. La edad lo lleva. Un sólo sueldo no basta. Y han denigrado, defenestrado, ridiculizado el papel de la madre en casa. Ahora tiene que quedarse la abuela. No es justo. Hay que buscar soluciones inteligentes.

VISI BERNAL LÓPEZ MADRID


Soluciones inteligentes: perfecto, pero, por ejemplo, ¿cuáles? A mí, a bote pronto, sólo se me ocurren dos y, puesto que se me ocurren a mí, está descartada la posibilidad de que sean inteligentes.

Como hay un cambio de paradigma familiar y ya no queda nadie en casa para cuidar a los niños, podemos entregárselos al Estado, como en un kibutz. Todos los niños (pues sería obligatorio, como es natural) viven en unas residencias infantiles y pasan con sus padres un par de horas al día y algo más los festivos. El resto del tiempo, se ocupan de ellos educadores bien pagados (así creamos empleo). Su jornada escolar sería reducida y pasarían la mayor parte del día dedicados a juegos, lectura, etc., siempre a cargo de monitores bien remunerados. Así libramos a los críos de los prejuicios y la excesiva influencia (a menudo nefasta) de sus padres y favorecemos una igualdad de oportunidades real y la transformación de la sociedad. ¿Le mola? A mí no me parece mal.

La otra opción es que todos trabajemos muchas menos horas y con varios meses de vacaciones anuales. Así nos sobraría tiempo para cuidar a nuestros hijos. Como es obvio, esto exige una reforma radical del mercado laboral, pero no en la dirección que quiere la CEOE. Todo lo contrario: sueldos uniformes para todo el mundo, empresas públicas, horarios rígidos (no más de cinco horas al día), etc. ¿Le mola? A mí tampoco me parece mal. Cualquiera de las dos me vale; ambas exigen, claro está, una sociedad socialista. ¿Se le ocurre alguna otra? ¿Es compatible con nuestro libre mercado? No son los niños el problema: somos nosotros, es nuestra sociedad.

Si no están, ¿no existen?

En los diarios judíos ultraortodoxos no les gusta que aparezcan dos mujeres en la foto del nuevo Gobierno israelí. Pues photoshopean un poco y listos: ya tienen un Gobierno sólo con machos encorbatados.



¿Para cuando un mundo sin religión?

domingo, 29 de marzo de 2009

Masaje con happy ending

Mis amigos pagaron por mí en la entrada del spa de Malate y obedecí cuando me mandaron desnudarme y relajarme en un jacuzzi al aire libre, entre una decena de hombres gays, “hasta que sea medianoche y empiece tu masaje”.


Cuando empezó, en una sala en penumbra, escaleras arriba ya, el masajista me miró las tetas sin disimulo antes de ordenar que me tumbase sobre la camilla boca abajo


– ¿Le gusta fuerte o normal?
– Fuerte


y empezar a masajear con dedicación mi cuello espalda brazos manos para detenerse después en mi culo, separándome las nalgas sin que yo hiciese el menor movimiento por impedirlo


– ¿Le gusta así?
– Mucho


y continuar en los muslos, llegando con sus dedos a milímetros de mi coño y alejándolos después hacia los gemelos y las plantas de los pies


– Dése la vuelta
– Lo que quiera


haciendo caso omiso a mi excitación cuando me di cuenta que sus manos iniciaban el recorrido a la inversa y volvían a ascender, alcanzando en unos minutos mis muslos líquidos y subiendo aún más


– ¿Quiere que la toque?
– Ssíí...por...fav...or...


hasta tomar el control a b s o l u t o de mi coño y hacerme enloquecer.


Mis amigos me esperaban en el jacuzzi con un té. Vincent resultó ser también su masajista favorito.

Disneylandias militares

"Podemos salir de la base, pero ¿para qué vamos a salir, si aquí tenemos de todo? me contestó recientemente un soldado cuando le pregunté si tenían permiso para abandonar las instalaciones militares de vez en cuando.

"Mira, tenemos una carpa con comida y bebidas no alcohólicas abierta las 24 horas, cines de sesión continua en los que la coca-cola y las palomitas son gratis, una caravana de pizzahut y otra de McDonalds, un gimnasio ultramoderno, wifi gratis, un bar en el que te puedes beber dos cervezas cada 20 horas, una pista de baloncesto, una pista de voleyball, un videoclub, televisión, tiendas de ropa, de artesanía y de regalos, un supermercado... y seguro que me dejo algo".

Salí corriendo de allí.

sábado, 28 de marzo de 2009

Al final de un parking

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Pasaron seis horas interminables
entre los dos besos cordiales que nos dimos en la mejilla delante de los demás y el momento en el que aparcó su cochazo al final de un oscuro parking barcelonés y empecé a chupársela.

Happy together

Su regalo de cumpleaños me envolvió de rojo la piel
la hizo explotar de placer
la paseó por calles, pintxos, bares y sofás
y acabó sumergiéndola junto a la suya a muy pocos metros del mar.

miércoles, 25 de marzo de 2009

viajeras vidas vips

No pasan controles de seguridad en los aeropuertos, no vuelan en turista, no comen con cubiertos de plástico, no pasan frío en el avión, no tiene prohibido fumar a bordo, no hacen colas eternas para que les sellen el pasaporte, no les hacen foto ni les toman las huellas dactilares para concederles un vidado, no pagan el taxi que les llevará hasta su hotel de cinco estrellas.

Luego aprueban vergonzosas directivas de vuelo sin enterarse de lo que significan para los demás. Sin enterarse, ni siquiera, de lo que cuesta un café.