domingo, 29 de marzo de 2009

Masaje con happy ending

Mis amigos pagaron por mí en la entrada del spa de Malate y obedecí cuando me mandaron desnudarme y relajarme en un jacuzzi al aire libre, entre una decena de hombres gays, “hasta que sea medianoche y empiece tu masaje”.


Cuando empezó, en una sala en penumbra, escaleras arriba ya, el masajista me miró las tetas sin disimulo antes de ordenar que me tumbase sobre la camilla boca abajo


– ¿Le gusta fuerte o normal?
– Fuerte


y empezar a masajear con dedicación mi cuello espalda brazos manos para detenerse después en mi culo, separándome las nalgas sin que yo hiciese el menor movimiento por impedirlo


– ¿Le gusta así?
– Mucho


y continuar en los muslos, llegando con sus dedos a milímetros de mi coño y alejándolos después hacia los gemelos y las plantas de los pies


– Dése la vuelta
– Lo que quiera


haciendo caso omiso a mi excitación cuando me di cuenta que sus manos iniciaban el recorrido a la inversa y volvían a ascender, alcanzando en unos minutos mis muslos líquidos y subiendo aún más


– ¿Quiere que la toque?
– Ssíí...por...fav...or...


hasta tomar el control a b s o l u t o de mi coño y hacerme enloquecer.


Mis amigos me esperaban en el jacuzzi con un té. Vincent resultó ser también su masajista favorito.

2 comentarios:

el náuGrafo dijo...

Interesante relato, pardiez.

Anónimo dijo...

Me ha parecido un poco breve ..