¡Al que se mueva le aceito el culo a bayonetazos!Raúl Zurita, poeta chileno.
La puta que los parió…
La arenisca del suelo se me enterraba en la boca
y se escuchaban voces por los altoparlantes.
De pronto tocaron la canción nacional.
Esta es la canción nacional de Chile no de Cuba mierdas, gritó, mientras
me levantaba a patadas.
El viento me dio en la cara y vi a los otros.
La bandera se iba elevando al frente. Pensé: sólo
es un trapo, pero no era un buen momento para discutirlo.
Canté la canción nacional y quise que no acabara nunca.
Cuando terminó nos taparon la cara con nuestros propios sacos y nos
hicieron correr entre dos filas
de soldados.
Mientras caía se me desprendió el saco y vi el último culatazo.
La punta de la culata me rompió los dientes y penetró en mi boca.
La vi mientras se venía y luego el resplandor del golpe.
Mi amiga se la chupaba a un amigo y fue duro.
Amargas fellatio las del amanecer.
viernes, 27 de septiembre de 2013
Fellatio, de Raúl Zurita
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Etiquetas: chile, dictadura, poesía, raúl zurita
Mi amor se ha quedado pegado a las rocas al mar y a las montañas
"Todo mi amor está aquí y se ha quedado pegado a las rocas al mar y a las montañas", se lee en el Memorial del detenido desaparecido y el ejecutado político en Santiago de Chile, erigido en memoria de las víctimas de la dictadura militar de Augusto Pinochet entre 1973 y 1990.
La frase fue escrita por el enorme poeta chileno Raúl Zurita, a quien anoche tuve la suerte de escuchar recitando este y otros poemas:
(...)
Ay amor, quebrados caímos y en la caída
lloré mirándote. Fue golpe tras golpe, pero
los últimos ya no eran necesarios.
Apenas un poco nos arrastramos entre los
cuerpos derrumbados para quedar juntos,
para quedar uno al lado del otro. No es duro
ni la soledad. Nada ha sucedido y mi sueño
se levanta y cae como siempre. Como
los días. Como la noche. Todo mi amor está aquí
y se ha quedado:
- Pegado a las rocas al mar y a las montañas.
- Pegado, pegado a las rocas al mar y a las montañas.
- Recorrí muchas partes.
- Mis amigos sollozaban dentro de los viejos galpones de concreto.
- Los muchachos aullaban
- Vamos, hemos llegado donde nos decían -le grité a mi lindo chico.
- Goteando de la cara me acompañaban los Sres.
- Pero a nadie encontré para decirles 'buenos días', sólo unos brujos
- con máuser ordenándome una bien sangrienta.
- Yo dije -están locos, ellos dijeron - no lo creas.
- Sólo las cruces se veían y los dos viejos galpones cubiertos de algo.
- De un bayonetazo me cercenaron el hombro y sentí mi brazo al caer
- al pasto.
- Y luego con él golpearon a mis amigos.
- Siguieron y siguieron, pero cuando les empezaron a dar a mis
- padres corrí al urinario a vomitar.
- Inmensas praderas se formaban en cada una de las arcadas, las
- nubes rompiendo el cielo y los cerros acercándose.
- Cómo te llamas y qué haces me preguntaron.
- Mira tiene un buen culo. Cómo te llamas buen culo bastarda chica,
- me preguntaron.
- Pero mi amor ha quedado pegado en las rocas, el mar y las montañas.
- Pero mi amor, te digo, ha quedado adherido en las rocas, el mar y las montañas.
- Ellas no conocen los malditos galpones de concreto.
- Ellas son. Yo vengo con mis amigos sollozando.
- Yo vengo llorando. Fumo y pongo con los chicos.
- Es bueno para ver colores.
- Pero nos están cavando frente a las puertas.
- Pero todo será nuevo, te digo, oh sí lindo chico.
- Claro- dijo el guardia, hay que arrancar el cáncer de raíz,
- oh sí, oh sí.
- El hombro cortado me sangraba y era olor raro la sangre.
- Dando vueltas se ven los dos enormes galpones.
- Marcas de T.N.T., guardias y gruesas alambradas cubren sus vidrios
- rotos.
- Pero a nosotros nunca nos hallarán porque nuestro amor está pegado
- a las rocas al mar y a las montañas.
- Pegado, pegado a las rocas al mar y a las montañas.
- Pegado, pegado a las rocas, al mar y a las montañas.
- Murió mi chica, murió mi chico, desaparecieron todos.
Desiertos de amor
(...)
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Etiquetas: amor, cult mix, dictadura, poesía, raúl zurita
sábado, 15 de septiembre de 2012
De avestruces a gallos de pelea
Leí La pasión según Trelew, de Tomás Eloy Martínez.
Hace 40 años, en Trelew, una pequeña y tranquila ciudad patagónica,
todos escondieron la cabeza,
nadie dijo nada
cuando llegaron los primeros presos políticos,
ni cuando empezó a formarse allí una peregrinación de familiares los días de visita,
ni cuando se crearon los primeros lazos entre los que vivían allí y los recién llegados,
ni cuando 25 presos se fugaron y arrestaron a 19 de ellos,
ni cuando una semana después 16 de esos 19 murieron fusilados,
ni cuando el régimen justificó la matanza asegurando que los carceleros actuaron en defensa propia,
ni siquiera cuando un mes más tarde allanaron casas del pueblo y arrestaron a 16 vecinos.
Pero cuando el comunicado oficial les acusó de colaboracionismo, entonces, de golpe, se levantó (y organizó) la ciudad entera.
Siempre hay una gota que colma el vaso.
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