Despertar entre sábanas revueltas y encontrar en mi muñeca la goma con la que ayer te recogías el pelo, negro como una noche sin luna. O Mumbai sin electricidad, dirías.
martes, 11 de septiembre de 2007
viernes, 7 de septiembre de 2007
Paisajes desde el tren. Vuelta
Siento que ya he llegado cuando cerca de Tarragona reaparece el mar. Las ventanas de este tren aséptico e inodoro están cerradas pero cierro los ojos y me entra de golpe el ruido de las olas, el olor a salitre y el sabor de tu piel mojada.
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Etiquetas: felicidad
Los de Internet
Molan los de la sección de Internet. Van todos con sus ordenadores a cuestas, cabalgan en motocicletas y visten de negro. Y entre ellos resalta una mod con camisetas de colores ácidos y gafas de pasta rosa. Una pijiguay de la calle Fuencarral. Encantadora.
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El barrio
Del metro al curro hay cinco minutos de vacío total, como si hubiese pasado por allí un virus letal. A cualquier hora del día está silencioso. Y desierto. Pero no es un desierto de arena sino de pisos altísimos con piscinas y pistas de paddle privadas. En sus calles hay el triple de peluquerías que de bares, faltan supermercados y sobran gimnasios, nadie pisa el césped inmaculado de los parques y no se ve ni a un niño jugar.
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La inmoralidad de los pijos
Los pijos van con náuticos, mocasines (o zapatos puntiagudos los modernos), tejanos impecables, camisitas planchadas por mamá/novia/criada (rodear donde proceda), jersey en los hombros, tejanos impecables, caras de no haber roto un plato, pelos engominados y olor a perfume caro. Beben mojitos, cubalibres o gintonics, jamás una barriobajera cerveza en botella. Son respetados, fotografiados, admirados y suspirados por muchas niñas de bien.
No entendía cómo podían ir a currar y desde sus cómodas sillas con reposabrazos exprimir, retorcer, explotar y abusar de una, diez, cien, mil o un millón de personas. Hasta ayer. Cuando de la nada, uno de ellos —casado por supuesto— me puso descaradamente una mano en el culo y me susurró con esa voz que tienen acostumbrada a dar órdenes: “déjate, que vas a disfrutar”. Me ha parecido entender algo imposible, pensé. “qué ganas tengo de follarte, guarra” oí entonces. Y seguí sin entender con el “te voy a llenar de semen el coñito” al notarle empalmadísimo contra mí.
Pero eliminado el último resquicio de duda... je, cabronazo, te vas a cagar, dije en silencio (con voz de Zoe en la peli ida de olla de Tarantino) le metí la lengua con ganas, le cogí la polla sin disimular y le follé en un callejón oscuro hasta asustarle sin dejar de preguntarme si al volver a casa temblando se pondría su pijama de cuadros, bebería su vaso de leche, fingiría leer el mismo rato de siempre y le daría el beso ritual de buenas noches a su mujer antes de soñar cómo seguir exprimiendo, retorciendo, explotando, abusando y violando por los siglos de los siglos. Amén.
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Etiquetas: malvadidades, nocturnidad y alevosía, sexo
Teoría (versión beta) de las relaciones con extranjeros
A las mujeres nos educan para ser inferiores o, con mucha suerte, iguales a los hombres. A los indonesios (y a muchos otros habitantes del Tercer Mundo, Periferia o eufemismo políticamente correcto que se quiera) les educan para ser inferiores o, con mucha suerte, iguales que los blancos. A los hombres blancos les educan para ser superiores a las mujeres y a los habitantes de “otros” países.
Quizás por eso, y ya digo que esto es una hipótesis por confirmar, es muy fácil que el blanco encaje a la perfección en una relación con una morenita/negrita/amarillita/rojita y viceversa. Porque éste domina y ésta se deja dominar a la espera de alcanzar un futuro igual que en la televisión. Pero cuando una mujer blanca quiere empezar una relación con un hombre de otro país saltan chispas porque (por suerte, por suerte, por suerte, espero que nunca cambie) le resulta extremadamente difícil establecer una relación de dominio sobre él y a él aceptar ser dominado por una mujer. Esto casi podría trasladarse también a la prostitución, ¿no? Seguiré dándole vueltas pero animo a que me digáis.
Espero que un día todas las relaciones sean de igual a igual.
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Etiquetas: hipótesis
La Latina
(debajo de la capa de modernidad y pijerío) Uno de los barrios más apasionantes de Madrid. Vuelvo y vuelvo ahí como si fuese el ombligo del mundo, la nueva Roma, mi destino o vete a saber qué.
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Polaroids anónimas II
Con muchos años a cuestas, pasa por la calle como un torbellino, sonriendo, cantarina, arrastrando todas las miradas hacia su chillón vestido rojo, que contrasta con la profunda oscuridad de su piel y el brillo dorado de los grandes pendientes. Irremediablemente cubana, imagino.
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Etiquetas: polaroids
Paisajes desde el tren. Ida
Desierto de los Monegros por todos lados. A la derecha un sol gigante anaranjado, como un globo de helio extraviado a punto de reventar con uno de los cactus que le espera juguetón a ras de suelo. Al otro una luna embarazadísima, bostezando y aún con el pijama puesto.
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sábado, 25 de agosto de 2007
Como una niña con zapatos nuevos
Subo al tren con una sonrisilla de niña con zapatos nuevos al ver en una mano un billete sólo de ida y en la otra una maleta en la que me han cabido varias docenas de camisetas, algunas chanclas y dancing shoes, musikita que entra en la palma de la mano, varios libros de reserva hasta que consiga el carnet de las bibliotecas de Madrid, la lámpara-buda, mi taza favorita, las pequeñas figurillas indias y el ruido del mar en una caracola. El tren arranca, desaparece Barcelona y empiezo a llorar mientras me pasan por la cabeza miles de imágenes a toda velocidad y se me dispara el corazón por la mezcla de emociones entre lo que dejo atrás y lo que me espera.
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Etiquetas: felicidad
