viernes, 12 de junio de 2009

Empollona, conejo, gafotas, retrasado, maricón

puta, bicho raro, fragel, pinocho, vaca, plancha, pelota, enana, llorón...

¿Te insultaban o insultabas en el patio del colegio? ¿Eras de esos que llegaban a casa y sus padres leían en el cuaderno "no le gusta jugar en grupo, en el recreo se queda al margen de sus compañeros", de los que la profe escribía "es muy sociable, tiene capacidad de liderazgo, todos le siguen en las actividades de juego" o de aquellos sobre los que, un día tras otro, había poco más que añadir excepto "progresa adecuadamente"?

Los protas de La soledad de los numeros primos (de Paolo Giordano) son del primer grupo. De esos que dificilmente vas a reencontrar en el Facebook. De los que cuesta recordar el nombre.

Me ha encantado el libro.

domingo, 7 de junio de 2009

El Partido Pirata desembarca en Europa

En medio de la victoria aplastante de la derecha, pequeñas aldeas de irreductibles europeos resisten al invasor.

El Partido Pirata sueco, con el 7,4% de los votos suecos, se ha convertido en la quinta fuerza política del país. Creado hace tres años por el informático Rickard Falkvinge, el Partido Pirata defiende la reforma de las leyes de copyright y patentes, reforzar el derecho a la privacidad y una UE más democrática y transparente.

miércoles, 3 de junio de 2009

Opening fiesta Space 2009

..

Hacía meses que no bailaba bailaba bailaba bailaba bailaba bailaba durante ocho horas seguidas sin parar,
sin cansarme
y deseando más...

Lástima que todas las fotos hayan salido desenfocadas (mamá, no preguntes por qué)


bye bye tokyo

Volveré.
Espero que volvamos.

Tokyo after midnight

..

Como en cualquier metrópoli occidental, en Tokio se pueden destrozar las zapatillas de baile saliendo de fiesta hasta el amanecer.

Pero en pocos sitios más puedes karaokear con tus amigos en una sala privada a las cuatro de la mañana,

encerrarte en un cubículo a leer manga tumbado en un sofá,

hacer botellón, quedarte dormido y al despertarte tomar una ducha en un cibercafé,

elegir en una máquina expendedora entre una habitación de hello kitty, una sadomaso u otra de héroes manga en las que retozar con tu amante durante varias horas,

alquilar un coche antes de que salga el sol e ir a ver el monte Fuji,

contemplar Tokio metido en una bañera de madera de ciprés con el agua a 40 grados,

recibir un masaje después y quedarte dormida entre japonesas que han perdido el último tren,

ver una película en la pantalla más grande de Asia cuando la mayoría de tokiotas empieza a levantarse,

poder probar un centenar de juegos de la playstation,

unirte a una competición de ping-pong,

o, simplemente, tomar un café humeante y leer un libro sin prisas, emulando a la protagonista de After dark.

La fot impresionante es de Kaidohmaru

Los jardines zen de Kioto

..


Que representan el centro del Universo budista, que imitan las ondas de agua, que imitan montañas, cascadas, lo que queráis...

Sólo aprendí que los jardines zen son para saborearlos muy despacio
e irse despertando en silencio antes de que llegue nadie más.

Habitación de 20 tatamis

Las preciosas montañas del valle de Kiso se colaban por los ventanales de esta enorme habitación, la mejor del viaje:

Cena kaiseki

¿Alguna vez han cocinado para ti un festín de 14 platos y te han ido sirviendo uno a uno, explicándotelos con detalle, mostrándote cómo hay que comerlos y siendo incapaz tu anfitrión de no mirarte de reojo para ver cómo los saboreas todo y lo disfrutas?

El rijoso propietario del ryokan Fujioto de Tsumago, emocionado por encontrar a una bella signorina en ese pueblo remoto de Japón con quien practicar su italiano, preparó este banquete inolvidable:

Carpaccio de ternera tiernísima

Un maki de arroz rosado, de una variedad de principios del siglo pasado recuperada recientemente

Abejas cocinadas en miel, salsa de soja y sake, a las que se atribuyen propiedades afrodisíacas

Tempura de hierbas de la montaña, recolectadas esa misma tarde por su mujer

Un tomate de los mejores que he probado en los últimos años, de una variedad autóctona de la costa oriental japonesa, traído expresamente para la cena

Ternera laminada y setas en shabu shabu con salsa de mostaza

Perca negra cocinada durante 24 horas con salsa de soja y sake para que se pueda comer de la cabeza a la cola sin que se noten las espinas

Pincho del primer arroz recolectado con salsa dulce, la comida con la que los campesinos locales celebran desde hace décadas una buena cosecha

Soba (fideos de trigo negro) fríos mojados en salsa de soja con wasabi

Dos trozos de tofu recién hecho con salsas miso distintas por encima

Tallos de bambú crujientes

Shiitake, maitake y bunashimeji fritas con hierbas japonesas y con un cierto toque picante final, uno de los platos de setas más deliciosos que he comido en años

Gelatina de judías rojas

Y un surtido de frutas, entre las que había un par de fresas que tenían un sabor que creía que ya no existía.

Llevé la cámara pero se me olvidó usarla. Y tras el último bocado, se me saltaban las lágrimas.

Regreso al siglo XIX

Llegamos al valle de Kiso una tarde que diluviaba, rodeado de tupidos bosques de cedros, alerces y cipreses japoneses, entre los que discurre el camino Nakasen-do, que hace dos siglos recorrían los correos entre Edo (antiguo nombre de Tokio) y Kioto. En medio del valle, anclada en el tiempo, sobrevive Tsumago, una de las 69 postas del antiguo camino donde, en las noches lluviosas, las linternas se reflejan en sus calles húmedas desde hace décadas y no se oye más que los pasos errantes de algún caminante enamorado.

martes, 26 de mayo de 2009

Pachinko & slot

El omnipresente silencio tokiota
se rompe en las infernales salas de pachinko,
donde centenares de máquinas expulsan a la vez millones de canicas metálicas con las que llenan cestas y más cestas y más más cestas de plástico, que se amontonan alrededor de los jugadores para construir
paredes
murallas
castillos
rascacielos.
Ciudades enteras creadas con canicas a ritmo satánico.