lunes, 27 de octubre de 2008

Vampiros y Devoradores de Sombras

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Creía que esta madrugada era mi cuello el que desgarraban sus colmillos, su lengua la que lamía con avidez las gotas de sangre que resbalaban hacia mis pechos, sus manos las que me sostenían cuando empezaba a palidecer, su voz grave la que me invitaba a entregarme a la oscuridad; mientras él, saciado, encendía un marlboro y pedía otro whisky.

Pero cuando me desperté, el lado izquierdo de la cama seguía helado y el móvil vibraba con el nombre de su víctima. Y sabía que, poco después del amanecer, cuando el lado derecho de la cama empezase a enfriarse, el suyo se calentaría.

El día y la noche no coinciden en el tiempo.
Pero deseo encontrar una excepción.

2 comentarios:

Tina Paterson dijo...

Ñasca! Colmillazo
D.

www.tinapaterson.com

Jorge Ampuero dijo...

Nuestro más candentes deseos siempre son un hambre de sangre y una sed de carne.

Saludos...