domingo, 12 de enero de 2014

La habitación oscura

Buenos Aires, ciudad con frecuentes y prolongados apagones en los que imagino/deseo encontrar cuerpos monstruosos como el que toma La habitación oscura, de Isaac Rosa:

"En aquellos primeros encuentros nos hacíamos daño, caíamos al suelo y nos clavábamos las rodillas de quienes ya estaban tumbados. Nos pisábamos, rodábamos hasta quedar trabados (...) una mezcla de todos los cuerpos en uno solo monstruoso, que se masturbaba con varios brazos y se lamía a sí mismo, un solo cuerpo extenso y tentacular que desplazaba todos sus brazos y piernas arrastrándose como un insecto gigante hacia el fondo de la habitación y al llegar a la pared rebotaba para recorrer el suelo hasta el otro extremo en un rodar de huesos encajados"

Domingo hipnótico


Domingo hipnótico, con viejas voces entre sueños, descubiertas gracias a JM Costa:


sábado, 11 de enero de 2014

La Política y la Nada

En La historia interminable, la Nada devora los lugares, el mundo y la vida. Amador Fernández-Savater usa la imagen para describir en este artículo la acción del capitalismo en la crisis y plantear preguntas que siguen abiertas.

Cuerpos subversivos


Avanza la ciudad sobre los cuerpos.
Los acelera asusta individualiza excluye rutiniza emputece.

Pero resisten cuerpos subversivos,
como el suyo,
que no tienen urgencia.

Que te acarician con la yema de los dedos los pómulos, mirándote,
te besan casi inmóviles,
pasean lentamente sobre pieles cada vez más descubiertas,
exploran con sus lenguas entre tus piernas,
encontrando coños palpitantes, trémulos, borrachos de placer orgasmo tras orgasmo,

y los penetran ya saciados, entregados a los excesos, masturbándote -ellos, tú-

(sin dolor,
sin someterte,
sin insultos,
sin darte la vuelta buscando tu culo)

se detienen,
reciben tu coño de nuevo en su boca,
chupándote,
tragándote,

vuelven a penetrarte,
se frenan más,
te guían,
explotan,

y exhaustos
duermen, duermes, entrelazados, dando vueltas sin separarse nunca del todo, besándose sin llegar a despertar completamente,
horas y horas durmiendo,
sin obligaciones,
sin niños,
sin despertadores,
sin móviles,

entreabren los ojos pasado el mediodía,
sólo para volver a darte lo que pidas
y dormir un poco más,
mientras agarras un libro de Copi de su mesilla
y se te escapan carcajadas
camino a su bañera.
Te vistes mínimamente,
sigues con Copi en el balcón mientras esperas,
desayunalmuerzan contigo
y te despiden en la boca del metro con un beso pausado, cargado de ternura,

rumbo al trabajo,
con tu cuerpo más humano, menos mercancía.

La indignación en llamas


Arden #Melilla y #Gamonal


Placeres mínimos XXI


Las rodillas contra el pasto húmedo una sofocante noche de verano.

A tres metros sobre tierra

Uno.
Visita nocturna a la Reserva Ecológica Costanera Sur
Caminando bajo la luz de la luna, la reserva dejó de ser un montón de cañas secas y lagunas en las que flotan botellas de cerveza para convertirse en un espacio mágico, donde la naturaleza se abre paso descontroladamente por encima de los escombros y el cemento y acoge en su interior un mundo animal que sólo puede verse si abres -o mejor aún, te abren- los ojos y los oídos.

Un meteorito, que creímos primero estrella fugaz, se convirtió en bola de fuego y desapareció. La luna llena emergió sobre las aguas del río -revueltas como el mar por un viento furioso- al llegar a él. Y en un claro del bosque de alisos (y sus troncos de aparente agua), una profesora de yoga guió una meditación con rayos de luna colándose entre las ramas e instrumentos sonando desde la oscuridad. Sólo ese día, el que sentía que no podía ser otro, por el que me fingí enferma y me salté un día de curro y una fiesta.



Dos.
Reencuentro en el planetario
Bajo la bóveda celeste, ya a oscuras, se sentó al lado del peque otro niño de su edad acompañado de un padre que, tras varias miradas de incredulidad, resultó ser un amigo de Barcelona al que hacía más de diez años que no veía. Volvimos a quedar, con birras y vinos delante, y mis neuronas se incendiaron de ganas de plantarse al otro lado del charco y sumar fuerzas en la guerra abierta.


Tres.
Año nuevo desde la azotea de un treceavo piso
Lo que a las ocho de la tarde parecía una Nochevieja catastrófica sin cena, a las 23.00 era un asado con tortilla de patatas, ensalada, tamal colombiano y ríos de vino tinto y a las 00.30 se había convertido en la fiesta de cinco amigos compartiendo el cielo de Año Nuevo de Buenos Aires (y sus omnipresentes fuegos artificiales) desde la azotea solitaria de un treceavo piso de San Telmo, champán en mano, viento en los cabellos y risas incontrolables. 

Flotando.

martes, 31 de diciembre de 2013

Amanecer entre tus piernas en la ciudad de la furia

Toda una delicia:

lunes, 30 de diciembre de 2013

Alucinaciones infernales

Es muy fácil llegar a Buenos Aires, pero difícil salir. Los no-ricos quedan atrapados en la jaula por no tener montañas de dólares (que no pesos); los no-pobres por faltarles los cientos de horas que hacen falta para alejarse.

Encerrada aquí, a más de 40 grados de sensación térmica, me refugié en la Reserva Ecológica Costanera Sur,
entre bosques de alisos que al acercar la oreja a su tronco parecen transportar torrentes de agua,
mburucuyás que al tragarlas te adormecen,
curupís que arrojan leche pegajosa,
lunas llenas que mes a mes asoman como voyeurs por el río-mar de la Plata a ver cómo manos suben faldas, arañan muslos, estiran bragas para abrirse paso, entrar y mojarse en agitadas lagunas, bañadas de olas ruidosas de placer que se camuflan entre el croar de las ranas, el canto de las chicharras y el aleteo acelerado de búhos, murciélagos y atajacaminos.

domingo, 29 de diciembre de 2013

Delirium tremens (ola de calor)

Décima madrugada a 32 grados en Buenos Aires.
Amanece a 14 grados bajo cero en Moscú. 
Mi cuerpo respira, transpira, da vueltas, insomne.
Saca una botella de vodka del congelador.
Abro la boca.
Vierte un trago helado.
Trago.
Vierte más vodka, demasiado, demasiado rápido.
Desborda mi boca, los labios agrietados de sed.
El chorro de vodka no cesa.
Al levantarme corre mentón abajo, pringando salientes y recovecos oscuros, muslos, tobillos.
Me mira.
Meada de vodka, digo, río, tiemblo.
Se desnuda, se aleja del frío, rumbo al infierno de rodillas.
Me abro, quemo, jadeo.
Una y otra ola de calor.