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lunes, 6 de mayo de 2013

Quemaduras

Me arrojé agua hirviendo (con eucaliptus) sobre la rodilla. Una olla entera. Dos de la madrugada.
El miedo es mucho más fuerte que el dolor. Kim dormía a pocos centímetros. No grité. Ni siquiera sentí que me había abrasado hasta que estuve segura de que el agua no había llegado hasta él.
Entonces sí. Bajo la ducha estalló el dolor. Saltaron lágrimas. Quejidos. Se ennegreció la piel. Se hinchó como un pez globo.
Agua fría y varias capas de clara de huevo después, la quemadura se cuarteó y (un poco)(algo)(casi nada) logré dormir.

Al día siguiente ya, protocolo médico:
Desnudarse, agua con jabón, gasas con furacín, vendas con esparadrapo, vestirse.
Desnudarse, agua con jabón, gasas con furacín, vendas con esparadrapo, cama.
Más agua enjabonada, más gasas, más vendas.
Más vestirse, más desnudarse.
Más dolor.
Más picor.
Dos semanas.

Cicatrizada, cual serpiente, cayó esa piel y apareció una nueva. Rosa. Suave. Hipersensible. Fotofóbica. Necesitada de cuidados, de protección extraordinaria, de oscuridad.

Y si en vez de quemarte la rodilla te quemas el corazón. ¿Cuánto tarda en cicatrizar? ¿Qué necesita?

Hola 2013! Aquí estoy, recuperándome.

lunes, 13 de agosto de 2012

Arrullo

El peque tiene fiebre diarrea vómitos. Da alaridos de dolor; gimotea, de purita debilidad y de tan mustio parece un arbusto encogido por la sed.

Tarda -mucho, muchísimo, eternidad y media-, pero llega un momento en que se deja caer en la cama y se arrima a mí hasta ocupar la cuna formada por mi pecho, muslos y vientre. Y así, meciendo al unísono nuestros cuerpos, mi respiración pausada, los latidos y un suave ro rorro ro rorro ro arrullan su sueño.

Sólo entonces remiten dolor nervios miedo clavados en las entrañas... y el cansancio, cual tsunami, me invade toda.

viernes, 27 de julio de 2012

Reventé

Reventé.
Las manos heladas, la frente hirviendo.
Y por la boca escupí el cansancio de días y días corriendo de casa al  trabajo, del trabajo a Kim y de Kim al trabajo, del trabajoaKim, Kimytrabajo, trabajoKim, Kimtraba...
Y vomité también nervios periodísticos, hambre acumulada, frío calado hasta el tuétano, peleas conyugales, frases enquistadas, amoryodio juntos y revueltos, rabia sin destinatario fijo, soledad -aún apretujada a diario entre miles de personas en un lata de metro- y tras todo esto, aún tuve que abrir más y más la boca para sacar de ella un enorme cartel con un ¿pero qué diablos estás haciendo, capulla?.

Y sí. Desde la cama, entre mimos, entendí. Entre otras cosas, que somos tres y tengo mucho que cambiar; también, que me sobran carne y huesos para ser una superheroína.
Gracias, amor. En esas ando. Con las manos más calientes, la frente más fría: reequilibrándome.