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domingo, 7 de julio de 2013

Historias reales para no dormir

Los demás policías se robaban el dinero para la comida de los presos y les daban sólo agua y polenta. Ella se negaba a hacer lo mismo. Una noche en la que era su turno la llamó uno de los seis presos (que estaban en su comisaría). "Tomá, nos las han dado tus compañeros y nos han dicho que hagamos con vos lo que queramos. Pero vos siempre te portaste bien con nosotros y además, si nos escapamos nos van a matar", le dijo, entregándole las llaves de las celdas.
Parte de la entrevista con E. Font, criminólogo de la provincia de Santa Fe.

viernes, 24 de agosto de 2012

Noticias escritas por replicantes

Érase una vez, en un pasado no tan lejano, un periodista, Gay Talese, que pasó seis meses en Selma (Alabama) investigando para escribir un artículo en The New York Times, sobre el "domingo sangriento", en el que la policía reprimió con  violencia a 600 manifestantes negros que reclamaban de forma pacífica derechos civiles.

No sólo ocurría en EEUU, cuna del Nuevo Periodismo. En Argentina, Tomás Eloy Martínez, recorrió un par de veces los 1.500 kilómetros que había entre Buenos Aires y Trelew en cinco meses para informar sobre la masacre que ocurrió en esa localidad patagónica hace 40 años.


Ahora, haces click y en segundos tienes lista una noticia. La crea el programa informático desarrollado por la empresa Narrative Science con sólo meter algunos datos y/o pedirle que busque citas sobre un tema en las redes sociales.

Primero metieron a la mayoría de periodistas en cadenas de montaje de copiar y pegar noticias en webs o  comunicados en gabinetes de prensa. Ahora parece que nos van a ir substituyendo por robots, más rápidos y (aún) más baratos.

Debería alegrarnos de que las máquinas se queden con la parte rutinaria y nos liberen para hacer entrevistas, documentarnos, investigar lo que nos ocultan, analizar la realidad... Deberíamos...

domingo, 15 de julio de 2012

Escritos con corsé

- Los puntos seguidos son muy golosos, pero aquí nunca los ponemos.
- No abuses de los dos puntos.
- No abuses de los adjetivos.
- No interpretes nunca la información.
- No pongas puntos y comas.
- No uses gerundios.
- Lo más importante tiene que ir delante, aunque la frase se convierta en pasiva.
- Siempre que sea posible ponemos hoy en el lead.
- Nunca pongas ayer en el lead.


Me siento como si me obligasen a llevar un corsé apretadísimo y casi no pudiese ni respirar...

viernes, 15 de junio de 2012

Líbero: 407 gramos de cultura y fútbol

"En Europa, yo sería Gardel", dijo Alfio Basile antes del Argentina-Colombia. Y digo del Argentina-Colombia porque aunque hubo y habrá más, por el Argentina-Colombia sólo se puede entender uno, el 0-5 del Monumental en septiembre de 1993.
Así empieza el artículo de Maldini, el primero que leí de la revista Líbero. Ese partido fue un mazazo en toda regla al ego de Basile y de todos los argentinos y aunque casi 20 años después su autoestima sigue estando por las nubes, el resultado bochornoso seguirá ahí.


El equipo de Líbero aspira a "futbolizar la cultura o culturizar el fútbol". Poco sé de una cosa ni de la otra, así que pregunten por otro lado si consiguen el objetivo. Pero a mí me flipó que rescata éste y otros momentos inolvidables en los que el fútbol trasciende los colores de un club o de un país, de esos que se convierten en leyenda y se transmiten de abuelos a padres, de padres a hijos, a nietos, a sobrinos... Además, me puso los pelos de punta descubrir que alguien rompió el peroné a Messi cuando era aún un cachorro de hombre-perro, y me divertí buceando entre las fantasías miedos recuerdos de los poetas músicos escritores periodistas que se desnudan entre sus 407 gramos de papel.

jueves, 23 de febrero de 2012

Choque brutal (de tren y realidad)


En el corazón mestizo de Buenos Aires, en Once, un barrio popular, bullicioso, alegre, musical, lleno de tiendas de ropa baratas e inmigrantes latinos,


varios de los vagones en los que viajaban casi 2.000 personas se plegaron ayer como si en vez de formar parte de un resistente tren fuesen piezas de un frágil acordeón. En su interior quedaron sepultados decenas de pasajeros. Otros quedaron atrapados entre lo que que hasta un segundo antes del accidente eran puertas, ventanas, asientos, barras, suelos, techos y ahora, en cambio, sólo un amasijo de hierros. Los más afortunados sólo se cayeron al suelo por la fuerte sacudida, aterrizando unos sobre otros, magullándose, hiriéndose superficialmente, y logrando salir, solos o con ayuda, por alguna de las ventanas con los cristales rotos.




No vi ningún muerto. Ni a nadie atravesado por los hierros. Ni siquiera heridos graves. Sólo me crucé con supervivientes y con padres hermanos novios hijos con el alma en vilo por no saber si sus seres queridos estaban entre los muertos. Pero las miradas confusas, perdidas, llenas de pánico aún de los primeros y las lágrimas, el dolor, los nervios y la esperanza soterrada de los segundos no me deja dormir.


Tanto tiempo encerrada en una redacción se me había olvidado lo difícil que es ver el sufrimiento ajeno y después alejarte de él, como si no pasase nada. Pasar, pasa, y ya de noche, con el bitxito dormido, se me saltan las lágrimas.