viernes, 24 de febrero de 2012

Sayonara

Público desaparece de los kioskos.

Tuve la suerte de participar en el loco experimento de fundar un periódico de papel en el siglo XXI y navegar en él en tiempos borrascosos junto a compañeros excepcionales.


jueves, 23 de febrero de 2012

Choque brutal (de tren y realidad)


En el corazón mestizo de Buenos Aires, en Once, un barrio popular, bullicioso, alegre, musical, lleno de tiendas de ropa baratas e inmigrantes latinos,


varios de los vagones en los que viajaban casi 2.000 personas se plegaron ayer como si en vez de formar parte de un resistente tren fuesen piezas de un frágil acordeón. En su interior quedaron sepultados decenas de pasajeros. Otros quedaron atrapados entre lo que que hasta un segundo antes del accidente eran puertas, ventanas, asientos, barras, suelos, techos y ahora, en cambio, sólo un amasijo de hierros. Los más afortunados sólo se cayeron al suelo por la fuerte sacudida, aterrizando unos sobre otros, magullándose, hiriéndose superficialmente, y logrando salir, solos o con ayuda, por alguna de las ventanas con los cristales rotos.




No vi ningún muerto. Ni a nadie atravesado por los hierros. Ni siquiera heridos graves. Sólo me crucé con supervivientes y con padres hermanos novios hijos con el alma en vilo por no saber si sus seres queridos estaban entre los muertos. Pero las miradas confusas, perdidas, llenas de pánico aún de los primeros y las lágrimas, el dolor, los nervios y la esperanza soterrada de los segundos no me deja dormir.


Tanto tiempo encerrada en una redacción se me había olvidado lo difícil que es ver el sufrimiento ajeno y después alejarte de él, como si no pasase nada. Pasar, pasa, y ya de noche, con el bitxito dormido, se me saltan las lágrimas.

¿Nos hacemos unas pajillas?

Lugar de encuentro: Baño del 5º piso de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.
Invitados: "Sólo pajeros. Hombres de mente abierta a los que les guste disfrutar del placer de la masturbación sin importar su orientación sexual".
 
Organizadores: http://pajaadictos.blogspot.com

Vídeos: http://pajasafull.blogspot.com


Una vez superada la adolescencia, ¿hay tíos heteros que quedan para masturbarse en grupo o ser masturbados por otro tío?, me pregunto incrédula -entre vídeo y vídeo- tras leer un repor sobre los clubs de pajeros aparecido en Página/12 en el que aseguran que en algunos de ellos están vetados los homosexuales.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Mi primer mate

Sorbí
y de imediato noté cómo se me quemaban
labios
lengua
paladar
mientras me invadía un sabor amargo. Muy amargo. Amarguísimo.

"El primer mate no lo olvidás jamás", me dijo sonriendo quien me había invitado. Le devolví la sonrisa y di otro sorbo. Amargo, pero menos.

Al otro lado del charco

Se antoja linda Buenos Aires.
Es un lujo poder pasearla semi-cerrada por vacaciones, casi-vacía y ligera de ropa.

Van de europeos, lo que tú digas, pero por las calles se respira ese ritmo lento en el que viven los países excluidos del club de los desarrollados, se regalan sonrisas, se reciben ofertas de ayuda e incluso números de teléfonos y direcciones.


Se van las horas frente a una taza vacía en un café sin sentir miradas incómodas, al atardecer los parques se llenan de abuelos jugando al ajedrez y de gente tomando mate y aparecen teatros y librerías en mitad de la nada.


Y sí, de entrada Buenos Aires parece cara, recara, no tengo ni idea de cuanto podremos vivir aquí, pero hasta entonces la gocemos de lo lindo.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Placeres mínimos XVI

Comprimir la vida en una maleta de 20kg.

Y facturarla en un avión, sabiendo que lo único imprescindible viaja a mi lado: mis dos hombrecitos, mi pequeño planeta :)

El próximo post, si logramos cruzar el Atlántico, desde Buenos Aires, nuestra nueva casa.

Trenes de madrugada


De Burgos Rosa de Lima a Barcelona-Sants: 

Seis horas y media de oscuridad apenas interrumpida por diminutas lunas llenas de luz incandescente. 

lunes, 12 de diciembre de 2011

Todas las tías me llevan a Olmos

Mi curiosidad por Alberto Olmos va creciendo de tía en tía.

La primera fue Mónica, que para quitarme el mono de Tokio que me quedó tras primer viaje a esa ciudad extraterrestre, voyeur y pervertida, me regaló Trenes hacia Tokio. Por supuesto, ese libro adictivo fue contraproducente: sólo logró aumentar mi deseo por la capital nipona y las ganas de irme a vivir allí (y tener un armario desbordado de disfraces, máscaras y pelucas que usar en las citas).




La locura por Tokio no se me pasó en el segundo viaje -ni se me pasará por más que vuelva- y pillé por Internet todo libro sobre perversiones raras de los japos que encontré. 
 Uno de mis favoritos es Pink Box, en el que se describen burdeles increíbles -a los que pertenecen las fotos- especializados en mujeres gordas, como el Club Mammoth; en simular el interior de un avión, y donde los clientes que eligen sentarse en business reciben más atenciones -Stewardess Fantasy Club-, o el Rotating nurse make-out club, donde los clientes pueden ser atendidos por hasta tres enfermeras durante una visita médica de 40 minutos. 
Así que otra amiga, Esther, me regaló Tatami, con los mismos efectos secundarios adversos.



Hace unas semanas, calentito de la imprenta aún, me encontré sobre el teclado de mi ordenata Ejército enemigo, dedicado por Olmos a petición de Lucía, la compi de Público que durante años se ha sentado a mi derecha.


Yo nunca le he dicho a nadie que me gusta (cómo escribe) Olmos; ha sido más bien un vicio secreto. Pero ahora resulta que María, una de las mamis más fiesteras y cachondas que he conocido por estos lares, es muy amiga suya y es rara la vez que quedamos que no vuelvo a casa sabiendo un poco más de él (y de su novia).


Y finalmente, anoche, Oksanen, la autora de Las vacas de Stalin y Purga me llevó no sé muy bien cómo hasta Lector Mal-Herido, su blog de críticas literarias del que había oído hablar, pero en el que no había entrado nunca.


Diossssssssssssss. Qué grandísimo hijodeputa. No pude dejar de leer y leer y leer y leer y reír a carcajadas. Se me saltaban las lágrimas, me dolía el estómago y casi me caigo del sofá.


Allí sigo. Devorándolo.