domingo, 30 de agosto de 2009

Tashakor

Me fui de Kabul
con los bolsillos llenos de historias por contar,
con el sabor a polvo incrustado en la piel,
con amigos generosos que me han ofrecido sus casas cuando vuelva,
con las sonrisas de niños que vuelan cometas,
con el dolor de viudas que han perdido a maridos e hijos en la guerra,
con la desesperación de otras que saben que están encerrados en Bagram,

sin maleta,
sin entender aún demasiadas cosas,
sin tiempo suficiente para preguntar todo lo que quería,
sin menos tiempo aún para explicar lo que creía necesario.

Me quedé con ganas de mucho más.

Pero fue tan intenso que al volver a casa me subió la fiebre y no me pude levantar la cama en tres días.

1 comentarios:

el náuGrafo dijo...

A eso se le llama kabulia.