viernes, 23 de noviembre de 2007

Cinco horas con Mario

Me siento delante tuyo y te sale una frase corta, una un poco más larga, tomas carrerilla, te das impulso y cuando arrancas ya no hay quien te frene, pienso riéndome por dentro y más aún cuando tú también te llamas Mario, puta, qué casualidad, no me doy cuenta de cómo pasan las cinco horas entre Madrid y Barcelona escuchando sobre –y mirando e imaginando- tu piercing en la lengua, la posibilidad de hacértelo al no tener que andar probando platos porque en Sagardi vienen precocinados, los porritos sólo de maría a medio turno en el restaurante de las playas fichas de Lima, las ganas de darme a probar uno de tus ceviches de lenguado o corvina, un chupe de camarones, una parihuela bien caliente, un risotto con jugos peruanos, lo que extrañas las correrías con tus patas allá, tener caña, el verano que empieza, que si nos vamos a ver peces, correr olas en Barcelona no se puede, una noche en el apolo por qué no y seguimos hasta que nos empujan fuera del tren.

1 comentarios:

Sònia dijo...

jejejejeje!!!
Cúantos Marios nos vamos a encontrar por el camino... Y cuántas cinco horas nos separan de tantos destinos...
petunets,
sonix