lunes, 17 de junio de 2013

Estany de Vilaüt

L'Empordà no pot entendre's sense la tramontana,

que inclina pins fins arran de terra,
seca tots els paisatges que toca,
s'emporta lluny les paraules 
i obliga a refugiar-se
per no embogir...

un d'aquests refugis és l'aguait de l'estany de Vilaüt,
un silenciós i desert amagatall de fusta
on les hores passen lentament 
observant i escoltant
fotges, ànecs de coll verd, arpelles, bernats pescaires i gavines, entre molts altres ocells que donen vida als increibes aiguamolls de l'Empordà.


La pau d'aquella tarda de vacances, compartida amb el meu germà, torna ara en mig de la bogeria de Buenos Aires.

domingo, 16 de junio de 2013

La tormenta perfecta


El deseo aplazado de rayos, truenos y Ricardo torrencial reapareció -con más fuerza aún- bajo la ducha matutina y fue fermentando entre idas y venidas por Madrid, hasta estallarme en los morros de noche en el japo de Echegaray.

De ahí a su casa sólo recuerdo cómo sus besos caricias miradas susurros agarrones tironesdepelo me iban empapando el coño -sin bragas bajo el vestido blanco-, mojándome también los muslos, erizándome la piel, fulminándome de deseo mientras esperábamos un metro que no llegaba,

y después, en su cama ya, con dos gintonics casi sin probar, penetrada por todos lados, doblepenetrada al unísono con su polla y sus juguetes, enloqueciendo de placer en sucesivas oleadas, mirada, deseada, salvaje, incapaz de dormir, de detenerme, de decir que no a nada, de no volver a traspasar las paredes con gemidos al correrme unaaaaaahahhh vez síiiiiiiii máaaaaaaaaaaaas...

dejándome arrastrar por la furia de una tormenta perfecta,
que en las horas siguientes arrasó también el salón y amenazó con romper la impresora 3D casi lista, los botellines de la futura Txomin y toda caja con cachivaches que encontró a su paso.

En algún momento logramos quedarnos dormidos para volver a buscarnos poco después, chuparnos, follar, gritar, desayunar, follar más, sin dar crédito a cómo las agujas del reloj avanzaban a semejante velocidad, corriendo tarde a citas varias y reencontrándonos a medianoche para volver a abalanzarme sobre él, él sobre mí, llenar de besos la ensalada, sentir su mano caliente en mis muslos aceleradamente desnudos, resbalar juntos por el sofá, reír y gozar más allá de todos los límites posibles...

Desperté en la oscuridad, con el cuerpo resucitado y muerto a la vez,  atravesado por el dolor y el placer, y fue imposible no empezar a lamerle, violarle aún medio dormido y seguir, ya más despiertos, apurando hasta el último sorbo, antes de correr a la estación de autobuses y despedirnos como tontos en el andén.

Primeros rayos

Un tirón de pelo.
Segundos nomás. Ni demasiado fuerte, ni demasiado suave, sino con la intensidad precisa para provocarme una descarga eléctrica y arrancarme un ahogado gemido de placer. ¿Pero cómo coño sabe...?
Superada la sorpresa, mis neuronas volvieron a registrar la cumbia, las caderas a bambolearse entre ocho manos, la boca a enroscarse con otras al ritmo del casette... durante tiempo suficiente para quizás dudar si me lo había inventado... y sentir entonces cómo sus dedos volvían a cerrarse sobre mis rizos y una segunda descarga eléctrica me dejaba muy claro que no. Desnúdame y fóllame ya. Pero ya. Yaaaa.

Siguió la música, los roces, los besos compartidos, mientras mi coco retrocedía a la calle para rescatar el primer rayo, la primera señal de la tormenta que se avecinaba: su mirada, clavada en mí, desordenándome ya sin haberme tocado aún.

...

A veces, hasta un cielo mordoriano se queda de pronto sin nubes, más aún en primavera, y algo así pasó esa noche, en la que se escapó y me fundí en otros brazos, entre otras piernas; y mientras él pedaleaba de vuelta a casa, yo subía, bajaba, jadeaba y me corría feliz en una noche vuelta inesperadamente soleada.

Hechicero

Rodeado de pucheros, brebajes,
botellines y copas en los que vertirlos,
un hechicero
volvió a abrirme las puertas de su casa y de su cocina, embrujadas con una mezcla de libertad, carnalidad y felicidad contagiosa, palpable en sus múltiples y amados invitados,
que entran y salen,
se besan y acarician,
beben, bailan y charlan
alrededor de una mesa de madera llena de transformaciones alquímicas.
Dentro de sus paredes, se suceden conversaciones ideas sueños orgasmos de una habitación a otra
Fuera, las calles de Madrid se convierten con él en un laberinto de historias susurradas
sobre conventos con novicias poseídas por confesores para ser desposeídas del diablo (San Plácido),
reyes promiscuos (Felipe IV en cabeza),
hilanderas mitológicas, familias disfuncionales, tetas y orgías (El Prado),
iglesias de gran belleza oculta (de los alemanes),
escaleras que ascienden a azoteas con vistas inesperadas (secreto) y descienden a maquetas increíbles de la ciudad preborbónica (Museo de la ciudad de Madrid), entre otros.


Mil gracias por tanta generosidad.

lunes, 6 de mayo de 2013

Quemaduras

Me arrojé agua hirviendo (con eucaliptus) sobre la rodilla. Una olla entera. Dos de la madrugada.
El miedo es mucho más fuerte que el dolor. Kim dormía a pocos centímetros. No grité. Ni siquiera sentí que me había abrasado hasta que estuve segura de que el agua no había llegado hasta él.
Entonces sí. Bajo la ducha estalló el dolor. Saltaron lágrimas. Quejidos. Se ennegreció la piel. Se hinchó como un pez globo.
Agua fría y varias capas de clara de huevo después, la quemadura se cuarteó y (un poco)(algo)(casi nada) logré dormir.

Al día siguiente ya, protocolo médico:
Desnudarse, agua con jabón, gasas con furacín, vendas con esparadrapo, vestirse.
Desnudarse, agua con jabón, gasas con furacín, vendas con esparadrapo, cama.
Más agua enjabonada, más gasas, más vendas.
Más vestirse, más desnudarse.
Más dolor.
Más picor.
Dos semanas.

Cicatrizada, cual serpiente, cayó esa piel y apareció una nueva. Rosa. Suave. Hipersensible. Fotofóbica. Necesitada de cuidados, de protección extraordinaria, de oscuridad.

Y si en vez de quemarte la rodilla te quemas el corazón. ¿Cuánto tarda en cicatrizar? ¿Qué necesita?

Hola 2013! Aquí estoy, recuperándome.

martes, 25 de diciembre de 2012

Saqueos (o expropiaciones) por aquí y por allá

Tras su auge en Londres y en distintos puntos de la geografía española, la moda trasnacional de los saqueos (o expropiaciones) a supermercados, centros comerciales y pequeños comercios ha vuelto estas Navidades a Argentina, como ya ocurrió once años atrás, durante las inolvidables y multitudinarias protestas del 19 y 20 de diciembre de 2001, que acabaron con 39 personas muertas y el entonces presidente, Fernando de la Rúa, huyendo lejos en helicóptero.

Entonces y ahora hay una mano organizadora detrás, pero los medios no dejan de repetir que, a diferencia de en 2001, los manifestantes no roban (sólo) comida sino (también) televisiones de plasma, equipos de música y demás objetos incomestibles, mientras que los políticos prometen mano dura y sentencias largas para los vándalos ladrones delincuentes criminales que no respetan la propiedad privada.


¿Roban pan o televisiones de plasma? ¿Esa es la cuestión? ¿De verdad?

Hay menos pobreza que durante la bestial crisis económica argentina de 2001, sin duda. Menos hambre también. Pero hay aún pobreza y hambre. Y sobre todo, una desigualdad brutal, hinchada mes a mes por una inflación disparada que divide a la clase trabajadora argentina entre aquellos a los que les actualizan el salario a su ritmo infernal y quienes trabajan en negro, desorganizados sindicalmente o simplemente en empresas que anuncian que no van a subir los sueldos, lo que significa bajarlos un 25% anual.

Los saqueos empezaron en Bariloche, una ciudad visiblemente rica, turística, esquiable y de fresco aire de alta montaña, pero también invisiblemente pobre y muerta de frío. Una Bariloche partida y desigual.

Allí, como en cualquier lugar, hay niños caprichosos que también quieren tener dos pelotas distintas con las que jugar en Navidad. Padres que también quieren regalar bicicletas nuevas a su prole. Familias que también ansían ver la tele como si estuvieran en el cine al que nunca pueden ir. Madres que quieren comprar lo que les apetece comer sin tener que mirar (aunque sea por una vez) cuánto llevan en el bolsillo.

 ¿Muertos de hambre o delincuentes? ¿Esa es la cuestión? ¿De verdad?

lunes, 24 de diciembre de 2012

El AcumulaLadrillos y Caperucita

De cuerpo gelatinoso y forma indefinida,

el AcumulaLadrillos es sobre todo una inmensa boca, un buzón de dimensiones inabarcables, superiores incluso al Río de la Plata en su desembocadura, por la que engulle a diario toneladas de ladrillos que financió con alegría y desparpajo durante la burbuja, los inquilinos expropiados que no pueden pagarlos, políticos empequeñecidos, suculentos rescates multimillonarios, trabajadores que ya no necesita e incluso bancos enteros, comprados de oferta en el mercado o incluso regalados.

Pareciera que en un momento dado ya no le cabrían más ladrillos, que se empacharía y tendría que vomitar, que se ahogaría en arcilla y cemento, que reventaría y sobre su tumba bailarían los sin trabajo ni techo liberados, pero pasan los días, los meses, los años y el monstruo sigue engullendo y creciendo, creciendo y engullendo.

Ese AcumulaLadrillos lleva años enviándome cartas por Navidad y otras fechas en las que me reclama 20 euros y me amenaza con sus abogados. Seguirá amenazándome y carteándome. Tranquilo él, tranquila yo.

Si le tuviese delante le regalaría este delicioso cuentito:

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Una nueva vida

Empiezas
una nueva vida
a las cinco de la tarde, hora mágica, todo saldrá bien.

"Que tengas suerte, la suerte acompaña a los valientes", me dijo una amiga antes de irnos a Buenos Aires, "a los valientes que se atreven a intentarlo". Ella estudió periodismo, pero no dudó en adentrarse en el oscuro mundo de los casinos cuando se cansó.

Jekylls y Mr. Hydes

En la soledad de sus casas oficinas hoteles,
ahítos de la soledad conyugal,
los jekylls se convierten en míster hydes cibernéticos
y ordenan/suplican
prendé la camára, subite el vestido, bajate las bragas, abrite de piernas, mostrame, metete los dedos, mientras enseñan sus vergas crecidas y duras, prontas a explotar y deliran con tórridas escenas de sexo que nunca ocurrieron, ni siquiera nunca ocurrirán, porque al reaparecer de carne y hueso volverán a los besos en las mejillas y las conversaciones inocuas.

(Alguna vez) me entrego gozosa al juego (aunque me deja fría) porque disfruto (mucho) la transformación.

martes, 20 de noviembre de 2012

Bici roulette

El sistema de alquiler de bicis gratuito de Buenos Aires tiene un cierto parecido al chatroulette, quizás de ahí mi creciente adicción:

un día surco la ciudad en una bici con poco rodaje, de piel lustrosa, andares livianos y quizás incluso un punto demasiado dura; otro subo sobre una abuelita a la que le rechina todo el esqueleto, tiene torcida la columna y las extremidades y va perdiendo dientes por el camino, sobre todo en las escasas cuestas; otro más me entregan una virgen y la conduzco nerviosa porque me cuesta ensuciarla y le pido perdón por bajar o subir los bordillos con demasiada brusquedad;

hay días en que me tocan unas que ni bien ni mal, ni fu ni fa, me sirven para llegar de un punto al otro pero que a los pocos segundos de despedirme no recuerdo ni su cara; algunas veces consigo unas que parecen buenas, pero que enseguida salta a la vista que era todo puro maquillaje y me bajo malhumorada;


las jornadas más afortunadas cabalgo sobre monturas recias, que parecen excesivamente ariscas, pero con el pedaleo se ablandan y se adaptan a mi cuerpo como un guante; o sobre mis favoritas, aquellas que por intuición sé con sólo un vistazo que montarlas va a ser una delicia, puro placer de principio a fin, tanto que olvido dónde iba y me pongo a pedalear sin rumbo fijo para disfrutar un rato más.

Me fascina saber que comparto con ellas un tiempo breve e ínfimas posibilidades de volver a coincidir; que sin ninguna presentación de por medio voy a aplastar mi culo, mi coño y mis tacones contra su duro y frío cuerpo y que antes y después de mí fueron y seguirán siendo usadas y manipuladas por otros.