sábado, 8 de diciembre de 2007

En un cuento (por los que suspiran las niñas de colegio de monjas)

Me agrada de vez en cuando que me traten como una princesa, pasar la noche en un palacio de amplios ventanales, que enciendan velas alrededor, dormir en un colchón donde sería imposible notar un guisante, recibir besos suavísimos, escuchar música clásica al despertar, que me ofrezcan una toalla blanca y gigante limpísima entre más de una decena, meterme en una ducha de hotel de lujo, que me enjabonen con geles carísimos, aclararme bajo un fuerte chorro de agua que sale directamente del techo, vestirme con lentitud y cerrar la puerta tras de mí dándome de cabezazos por saber que, más allá de una noche, esta vida de cuento me resulta aburridísima.

0 comentarios: