domingo, 16 de diciembre de 2007

Fuertes aguaceros localizados

Camisas pantalones corbatas calzoncillos calcetines jerseys camisetas llueven bajo un cielo despejado una madrugada de diciembre, acompañados de una tormenta de gritos e insultos. Arrojados desde poca altura —sólo un segundo piso— caen desprovistos de paracaídas y alas estrellándose doloridos contra el suelo, más por el desamor que por el golpe, amontonándose unos sobre otros: abajo lo que había colgado en perchas en su trozo del armario, en medio la ropa de su cajón íntimo –entre la que aparece también un preservativo que ni él recuerda cuánto tiempo lleva allí—, encima, lo último en abandonar el calor de la habitación, las prendas acurrucadas sobre los estantes que andaban ya por el tercer rem.

Ella chilla, Él también. Ella mira hacia abajo con un brillo de ira y satisfacción, Él con confusión y vergüenza. Ella quiere tirarle también por el balcón, Él no quiere bajar ni siquiera por las escaleras.

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